martes, 9 de febrero de 2016

RELATO: "La increíble persistencia del esmalte Azul Fluorescente".








LA INCREÍBLE PERSISTENCIA DEL ESMALTE AZUL FLUORESCENTE



* Frente a un diván a media luz.

Jesú Linares se declara infeliz durante una larga sesión con el psiquiatra que le ha sido adjudicado de oficio. El paciente podría ser víctima de un desorden mental tan agudo que le ha empujado a delinquir. Es por eso que el doctor Walnut, especialista en todo tipo de paranoias, analiza su monólogo fascinado pues jamás escuchó nada parecido. No osa ni parpadear para no interrumpir a su interlocutor y anota frenéticamente en el dossier intentando comprender. Deberá recabar toda la información posible para distinguir entre mentira y delirio y una vez calibrado su estado presentar un informe exhaustivo.

Según Jesú, todo comenzó durante una ceremonia en la Iglesia de La Trinidad de Córdoba. Concretamente, en el día de su bautizo. Afirma que en plena liturgia tuvo lugar una triste coincidencia: Justo cuando el sacerdote se disponía a bendecir al recién nacido, el bebé estornudó y el oficiante espetó ¡Jesú! por simple cortesía. Y entonces se dio la paradoja de que esa anécdota sin importancia cobrara una magnitud desmedida quedándose el niño como Jesú para siempre. 

Y no se trataría de un su suceso puntual sino el primero de tantos otros. En su opinión, aquella tarde bañada en incienso simplemente afloró el problema: El padre Juan no solo le cambió de nombre por accidente sino que simultáneamente se extraviaba su última “s" en un proceso tan extraño como irreversible. Pues si el cura vallisoletano seseó y el bolígrafo en el Registro Civil clareó no fue fruto del azar... La consonante había desaparecido. 

Jesú tuvo una infancia bastante alegre pero, por supuesto, no desprovista de pequeñas calamidades. Perdía de continuo las cosas recibiendo las consabidas regañinas de sus progenitores.  Extraviaba gomas, lápices, tijeras... En resumen, todo lo que caía en sus manos.  Le tachaban de inmaduro, olvidadizo y descuidado. Cómo explicarles que aquello ocurría de repente, tras un estruendoso bufido. Y es que cada vez que estornudaba aparatosamente su posesión más valiosa se desintegraba ahí mismo.

Por desgracia, tal insólita afección se le agravó durante la adolescencia, con la alergia del heno le desaparecería una bicicleta en plena ascensión. Volvía a casa deshidratado y con un codo en carne viva cuando comenzó a sospechar... "Si un huracán fortuíito se lleva mi gorra de los Knicks ¿por qué descarta los cromos de Dragones y Mazmorras y el carnet de la biblioteca?" Preguntándose por primera vez si alguien no se estaría apropiándo por la cara de sus cosas merced a algún truco vil y sorpresivo. Y así es cómo germinó la idea de Su Némesis, "El acaparador", el malo del cómic. Un ladrón cercano al lado oscuro y feo como un demonio que de un tiempo a esta parte se estaría volviendo cada vez más selectivo. 

Ya era un joven universitario cuando conoció a Úrsula y estaba tan colado por ella que no reparó en la urticaria que le brotó allá por su tercera cita al acariciar el cerdo vietnamita de uñas esmaltadas en azul fluorescente que su novia tenía por mascota. “Sí, era una mujer excepcional” dijo apenado al doctor Walnut mientras se encogía de hombros. Su dolor era sincero, la añoraba sobremanera pues ya no estaba con él, se la arrebataron esa misma tarde. Estaban viendo Titanic cuando Jesú estornudó nuevamente nevaron palomitas y su novia rio, descalza como estaba, hasta estallar en una risotada que se interrupiría abruptamente. Segundos después ya solo se escuchaba la banda sonora de James Horner de fondo, Úrsula se había evaporado. Y le consta que no marchó por su propio pie pues, aún considerándola capaz de dejarle allí plantado, jamás habría abandonado sus sandalias New Age a voluntad bajo una butaca de cine de barrio. 

Jesú estaba desconsolado y no es para menos, echaba en falta a la extravagante Úrsula y encima le interrogó la policía en un absurdo circunloquio que llevaría a punto muerto. Es entonces que ideó un plan descabellado que le permitiría recuperar a su novia desaparecida y de paso acabar con semejante infierno: Viajó hasta Cantabria para acampar en el bosque de secuoyas de Cabezón de la Sal, allí pernoctó durante tres noches seguidas hasta que su alergia a las cupresáceas le irritó las córneas y le dio por estornudar compulsivamente frente a una secuoya inmensa, la más alta de todas.  


Así fue como en un intento desesperado por aclarar el misterio provocó deliberadamente que un árbol de tremendas dimensiones despegara como un cohete hacia ninguna parte. Como medía 37 metros, confiaba en que llamara la atención al empotrarse en su lugar de destino que, en su resentimiento, imaginaba más como la siniestra guarida de "El acaparador" en su cueva de mil fechorias que en un modesto almacén de correos con objetos perdidos dispuestos en orden de la A a la Z.   


El doctor Walnut no se inmuta, le deja hablar aunque a estas alturas del desvario empieza a mostrarse algo reticente. Sigue tomando nota pero ya sin el menor entusiasmo ciñéndose meramente al trámite establecido. Me temo que el informe psiquiátrico no será concluyente y Jesú Linares será acusado por la fiscalía de un delito contra el medioambiente sin atenuantes.



* Entretanto a las afueras de Carboneras, provincia de Almería.


Jacintos Belmonte acaba de morír recientemente en oscuras circunstancias, si bien, si hacemos recuento, podríamos decir que a pesar de tan dramático desenlace, le sonrió la fortuna la mayor parte del tiempo.
Y es que Jacintos era un pastor de cabras más bien solitario que hace veintiocho años se construyó una cabaña de adobe en medio del secarral y tuvo el capricho de instalar un váter Roca que compró regateando a un chatarrero . Desde entonces cada vez que tiraba de la cadena caían cosas del cielo. Primero una S que se le quedó pegada al nombre, a partir de ahí llovió numeroso material de papelería, una bici de carreras, una gorra, unas gafas, un walkman y unas zapatillas con calcetines sudados a juego. En otra ocasión nevaron palomitas y como colofón, aterrizó una mujer espléndida mascando chicle. 


Jacintos era la envidia de los vecinos, su vida era prácticamente perfecta hasta que un día estaba en su trono particular y le aplastó un árbol de una altura descomunal que lo dejó empotrado en el suelo. Desde entonces descansa allí mismo, por lápida luce la taza de un inodoro Roca donde reza una inscripción en laca de uñas azul fluorescente. 


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JACINTOS BELMONTE (1954-2016)
Pastor, avistador de ovnis amater y devoto esposo.
Viejo chivo, ¿qué te creías? 
Lo que el cielo a veces da, otras tantas te lo quita.






viernes, 5 de febrero de 2016

«La Lectora del barrio francés» Cap 15. "Sax & Sex".


«La Lectora del barrio francés»
Luces y sombras de Nueva Orleans.

Mi novela de los viernes.  












Capítulo 15.   Sax & Sex.


             El día pasa volando entre pitillo y pitillo, Matt fuma mucho y así es como mata el hambre. De hecho, en un armarito que hace las veces de despensa Grace no encuentra más que tres patatas y un cuenco de arroz. La muchacha se viste y dispuesta a salir, se despide de Matt con la excusa de dar un paseo. Desea ser útil, cocinar para él y así devolverle el favor. Además, algo le dice que Matt no es el que era y eso le inspira ternura. Y no va desencaminada pues desde que el músico abandonara el barco se le ha torcido la vida, lo dejó todo por un sueño que no era sino un deseo inalcanzable. 

Ansía empaparse del Viejo Nueva Orleans y sentir el latido de sus nuevos ritmos en primera persona, tamaña ironía. La música bulle en el corazón del barrio francés con una identidad y fuerza sin precedentes, si bien él no es bienvenido. En la ribera del río Mississippi la vanguardia musical es cosa de negros y hay clubes que le están vedados. En sus fachadas de madera policroma se solapan los colores con dos tipos de pintadas: "In Blues we trust" luce sobre el dintel del portalón, toda una revolución musical. Mientras debajo del ventanuco se lee otro mensaje inequívoco: "Whiteys, stay in bed", toda una declaración de intenciones. Y es que con el rencor y la distancia, crecen las diferencias: Música cajú y odio, dos caras de la misma moneda.  

       Grace le observa en plena despedida, le encuentra demacrado y más apocado que la última vez, entonces rebosaba confianza. Le pesan los hombros y arrastra unas ojeras que le llegan hasta el suelo. Pero Grace ignora la gravedad del asunto: No sabe que desde hace unas catorce horas sufre palpitaciones, se trastabilla con las palabras y le arde una oreja... Está asustado, ni más ni menos. No tiene ni idea de cómo tratar a su invitada y teme resultarle distante, grosero, demasiado solícito o incluso condescendiente. Pero hay algo más, siente un temor atroz: "Cómo podré protegerla ¡si apenas soy capaz de cuidar de mi mismo!" Le defraudará como antes ocurrió con su madre, su novia Remy y todas las mujeres que ha conocido. Fracasará en otra relación y la sola idea le atormenta. 

- ¿Volverás? - pregunta temeroso. 
- Pues claro,  ¿dónde estaría mejor?. - confirma Grace simulando seguridad.  

La joven baja tres tramos de escaleras, cruza el umbral y toma la esquina al otro lado del ventanuco. 
A veces Grace acompañaba a Úrsula de niña a comprar telas coloridas para el Mardi Grass por esas calles, recuerda que hay un colmado en la calle Bourbon donde según Raimond fian a los negros. Le separan solo dos manzanas, llega enseguida. Simultáneamente, Matt devora un diario viejo en busca de ofertas de trabajo. Obrero en la fábrica de cervezas, aprendiz de carpintero... Con lo delgado que está, sería un buen deshollinador. Lástima que le horrorizan las alturas. 

Lafitte's Blacksmith es como las tabernas de Barbados, de una sola planta y con la fachada de ladrillos. Se trata de un establecimiento modesto destinado a una clientela sin pretensiones. Delante está el mostrador con la mercancía: comida preparada, periódicos, latas, concentrados y lotería. Mas al otro lado de una puerta entreabierta, se respira otro ambiente. Una sala de atrás con un puñado de mesas esparcidas donde se sirve brebaje. "Vamos, de un trago" se escucha tras el umbral. Varios hombres de color hablan de sus cosas: los estibadores del puerto, los barcos atracados en el muelle, quien ha muerto en el barrio y en qué circunstancias. Ajos, setas, plátanos, jengibre, muslos de pollo... Grace coge cuatro bártulos y los mete en una cesta, a partir de entonces hace que mira el producto a modo de excusa. Necesita escuchar, ponerse al día de lo que pasa a pie de calle. Se concentra, disimuladamente pega el oído... Al fin y al cabo, se trata de su gente. Si tiene que elegir entre dos mundos, está dispuesta. Quizás ni siquiera tenga elección. A lo mejor siempre perteneció aquí y este es su sitio. En tal caso, más vale que se quite la venda de los ojos ¡y cuánto antes! Llevaría engañándose demasiado tiempo. 


Están ahí, puede olerlos. No los ve directamente pero intuye, a cada paso, todo lo que se cuece ahí dentro. En una mesa juegan a la baraja francesa cuatro hombres, quizás cinco. Una nube de humo, ron Cavalier y licor de murta, una montaña de centavos en el medio y en los bordes, varios puñados de dedos que se mueven indecisos y repiquetean. En la mesa contigua se reparten ganancias, han debido de apostar al béisbol o a los caballos y parece que al menos uno de los apostantes ha salido bien parado. De súbito se produce un golpe seco seguido de un gran silencio, se trata de puño estrellado contra la mesa. Es que durante la partida a cartas alguien ha hecho trampas, posiblemente el del rincón y ahora dos jugadores se yerguen y le amenazan con liarse a mamporros. El rastrero tira la silla, intenta abrirse paso hasta la salida pero le alcanzan, no marchará de rositas. Si bien el grupo de al lado permanece ajeno a la bronca no despertando la menor expectación. Siguen de buen humor, no parece que decaiga la fiesta: 


- Celebrémoslo esta noche - sugiere el bajito. 
- ¿Invitas tú? - sugiere el más mayor. 
- ¡No se gana una pequeña fortuna todos los días! - espeta un gordo al fondo ultimando la encerrona.
- De acuerdo, esta noche en The House of Blues y el alcohol corre de mi cuenta. - los demás cruzan miradas cómplices - Pero Freddy, tú te encargas de las chicas. ¿Eh? No me falles. - de un rápido vistazo, le lanza al tal Freddy un dardo que le atraviesa. - Ya sabes como me gustan, bien rellenitas. Hermosotas como tu hermana Gertrude... Anda, tráetela. Vamos, ¡dile que venga!  

Y la taberna entera estalla en carcajadas mientras a Freddy le hierve la sangre.


Grace vuelve al altillo, prepara riz djon djon con pollo criollo siguiendo la receta haitiana de Mamon. Matt se aproxima incrédulo tras el aroma a trópico hasta la cazuela. Se sienta y come atropelladamente, no ha probado bocado desde ayer tarde y, ya puestos, jamás tomó nada parecido en toda su vida. 


- Pero Grace, si esto está ¡riquísimo! - mastica atropelladamente, será porque lleva a pan y vino desde hace tres semanas. 


Ella se limita a encogerse de hombros y Matt sonríe, es como un niño grande. Cómo contarle que a cambio le ha dejado a Laffite un medallón en prenda. Que tendrá que pagar el jueves, de lo contrario se lo quedará a cuenta. Y créeme, no empeña a lo loco. Lo recuperará, dalo por hecho. Tiene pensado pasarse por el ultramarinos, por si necesitan una recadera pero eso será mañana porque esta misma noche...


- Matt, ahora que has comido bien y te veo más repuesto, lávate y ponte guapo. 

- ¿Qué quieres de mi, Preciosa? - Grace se ha pintado los labios de carmín intenso y lleva sombreados los ojos.
- Iremos a The House of Blues y con estos dedos tan suaves que nunca han sujetado una brochstocarás para mi. -  Matt toma su cara entre las manos, la besaría pero le falta aplomo. 
- No podremos entrar, es un local de negros para negros. 
- A menos que aparezcas acompañado de una joven negra vestida de encajes - pone los brazos en jarras y se contonea. 
- Quién... ¿Tú? - Matt está perplejo, la mira sin disimulo y no termina de entender... 
- Insisto, ponte tu mejor traje. - por dentro se tambalea como un flan, por fuera se contonea con su falda de volantes.  

A las once de la noche, están aguardan frente el antro más oscuro de esta linde del río. Grace le cuchichea algo al portero que se hace a un lado para que pase la parejita. Matt la interroga con la mirada y ella se justifica sin entrar en detalles: "Somos viejos amigos".

Grace y Big Fox no son dos extraños. Se conocen, al menos de pasada. Aún se ruboriza al recordar un domingo en el que niños, él se le acercó dando saltos tontos y sin más le levantó la falda al salir de la iglesia, entonces ella le increpó echa una furia "¡canguro australis!" y el muchacho de color le sacó la lengua. Entonces la niña envenenada por su impotencia, reaccionó espetando otro singular insulto:  más propio de la cocina de Darwin que de una comunidad a la salida de la iglesia"¡Canga saltarinus!" y el aludido se partió de risa. Por lo visto, no dominaba el latín. Si bien, ya sabía mucho de faldas para entonces. 

Ya en el interior del local, Grace se crece. Cierto, jamás ha estado en un lugar y aún así se encuentra cómoda, se mueve por instinto. Avanzan hasta la barra a trompicones pues su acompañante se muestra reacio. Teme que le arrinconen contra la pared de un momento a otro. Entonces ella se cuelga de su brazo dejando claro a todos los presentes: "Este hombre viene conmigo" y Matt, halagado, deja de temblar aunque aún se sienta tan fuera de lugar como un intruso.  

De un simple vistazo Grace distingue a Leroy con su chaleco a cuadros apostado al otro lado de la barra, es uno de los dieciócho sóbrinos de Úrsula y a la sazón, un barman adorable que maneja las botellas de Bourbon y Absenta como si hiciera juegos malabares. 

- Mademoiselle Grace ¿Cómo usted por aquí? No debería... - el muchacho intenta prevenirla. 
- Buenas noches, Leroy, me gusta su chaleco. - la advertencia llega demasiado tarde. 

La damita pide un agua con gas, licor de granada y le entrega, entre acrobacia y acrobacia, una nota para Denzel, el saxofonista. A lo que Leroy reacciona como cabía esperar.

- No podría seguirles, Grace. No se ha criado en Congo Square... ¡Eso se lleva en la sangre! - el barman es claro y conciso, no alude directamente al problema de raza pero se sobreentiende. - Es inútil, le abuchearán y lo sabes. 
- Venga, Leroy, confía en mí. A ver, ¿cuándo te he fallado? - Grace contrataca desesperada chantajeándole con las fábulas de Perrault que le leía junto al pozo imitando las voces de todos los animales. 
-  Veré qué puedo hacer... - Leroy, henchido de orgullo, le guiña un ojo y luego se escabulle detrás de una cortina. 


Es entonces que Buddy Bolden se chupa los labios y agarra con cariño la corneta desgarrando las primeras notas.... No está solo, de inmediato comienza un diálogo de acordes con el clarinetista Morty Watts uniéndoseles al poco un Kid Ory espléndido con su trombón que aporta los tonos graves. Al poco, les acompaña Denzel que se retuerce de atrás a delante inclinando el saxo en una silueta prodigiosa e invita con un gesto a un pianista blanco para que arranque con un compás a cuatro con swing ante la mirada atónita de un público de color que duda si tolerar semejante ultraje... Pero la música fluye deliciosamente. 

- El blanquito se defiende. - comenta Freddy a una espléndida Venus sentada sobre sus piernas en una pose imposible.

Terminan la pieza y Denzel se despide del pianista con un apretón de manos.

- No te lo vas a creer, Grace... ¡Denzel quiere que vuelva! - ante lo que Grace finge sorpresa mientras por dentro el corazón le estalla de alegría con una sensación tan intensa que se siente rejuvenecer. De hecho, nota esa vitalidad bulléndole por las entrañas. Inesperadamente tiene ganas de conversar, escuchar, compartir... De repente cae en la cuenta de que aún no le ha contado nada a Matt de como se le ha torcido la vida y se sincera con tu anfitrión para luego brindarse a escuchar otra historia de soledad pareja a la suya donde, por suerte, solo mueren estrujadas contra un paragüero las partituras de un músico sin ideas propias. 

Pero esa noche en el club Matt se ha reeencontrado con un ritmo auténtico, nunca antes una melodía le había llamado así. Y el piano no puede más que acompañarle, renaciendo así  un músico merced a su musa y al poco se forjará un sitio en el templo del Blues. Debió de ser una actuación memorable. Entraría en detalles si pudiera, pero no estuve presente en su actuación, todo lo que describo de tan magnífica velada, lo sé de oídas pero no me invento nada, lo deduzco de la amena charla que mantienen los tortolitos de vuelta a la habitación. Diría que se entienden de veras... Juntos son mejores personas, parecen recuperar esa luz prodigiosa que olvidaron por descuido. El dónde, nos es indiferente.

Grace tomó medidas discretas para asegurarse de que no les acompañara colocando a Kouassi con suma delicadeza dentro de un cajón y acto seguido echando la llave. Nada drástico, pero sí lo suficientemente efectivo como para neutralizarme, de momento. Nos teme, lo noto. Kouassi la mira raro, veo a través de sus ojos. Y con tantas idas y venidas inexplicables... De algún modo ha intuido que existe conexión entre nosotras y ya no se fía de ninguna de las dos. Y me duele porque yo la considero mi amiga y, en cambio, para ella no soy más que un estorbo. La veo venir, por de pronto se muestra cauta pero barrunta algo. Tras saber de mi, pensé que trataría de comunicarse conmigo mediante una sesión de espiritismo, mentalismo, telequinesia... ¡Qué se yo! De cualquier forma valdría porque me hallo expectante, pero no ha movido ni un dedo para contactar conmigo, sospecho que no está por la labor. Le he mostrado mis cartas y no reacciona... Comienzo a enojarme, menuda decepción. Menos mal que a la par y a causa de su desdén, se abre ante mi un abanico de nuevas posibilidades: Imagino mi potencial, me planteo de qué seré capaz y fantaseo de modo que mi niñera me deja sola, igual me da por hacer travesuras. ¿Acaso no es lo que hacen las niñas? Natural, son cosas de la edad. Claro que mi color favorito ya no es precisamente el rosa ni mi flor la margarita como cabría esperar de un angelito como yo. Y hay un detalle más... Ya no me rio por cualquier cosa: Mi sentido del humor ha evolucionado ultimamente de la miel a la hiel, quizás, por falta de chocolate. Y ya solo me hacen gracia los torpes gemidos, con ellos sí que me río a carcajadas.  

He de estar preparada, observar desde mi posición en busca de una señal y una vez la identifique, anticiparme a su respuesta. Si planea deshacerse de mi, se tomará su tiempo. Puede llegar a ser fría y paciente como un caimán, promete ser un duelo letal entre dos criaturas del pantano. Claro que todavía puede que me acepte como su eterna pupila y lleguemos a entenderno. Aunque mantengo la esperanza, aún la siento en mis huesos. Por mi parte, no dejaré de tenderle los brazos y quien sabe.. Tal vez recapacite y vuelva a mi, todavía no se ha decidido. Quiero pensar que solo se demora ante tan difícil decisión lo que tendría mucho sentido pues ella no es tampoco de las que se precipitan y nunca actuaría a la ligera. Al menos, así es como la veía yo hasta hoy...

Pues de vuelta al desván, Matt la besa, Grace se derrite ahí mismo. De inmediato, a nuestra bella le brillan desmesuradamente los ojos como si despertara de una larga ensoñación. Se quita las horquillas del moño, muy despacio se desabotona la blusa y con el busto descubierto se estremece contra el pecho de él.  Mátt la contempla azorado: "¿Estás segura?" Ella se muerde los labios y musita: "Será mi primera vez". Entonces el joven le aparta un rizo rebelde del pómulo izquierdo y le besa la nuca. "No te haré daño" le promete y así es como sellan un pacto tácito de mutuo respeto que no es concluyente pues hace rato que ella ya ha decidido. 

Y es en la intimidad que se entrelazan dos pieles en un ballet de sombras y se enmarañan esos cuerpos conspirando en la oscuridad cual dramáticos personajes de un tango porteño. Respiran al unísono en un abrazo café con leche hasta que sus latidos se disparan, salvajes, bajo la misma luna y una pareja de lobos solitarios estallan en aullidos. Cómplices de la noche, nada importa más allá de esas cuatro paredes. El calor de los amantes colapsa mi aura, siento que me seco como una esponja. Me apoco y cierro los ojos, no seré yo quien rompa el hechizo...  

Por un instante sagrado, solo existen ellos dos. Y hasta el mismo aire les pertenece. 





martes, 2 de febrero de 2016

RELATO: "De arañas y mariposas".







De ARAÑAS y MARIPOSAS



Habían pasado ocho décadas desde que la Compañía holandesa de las Indias Orientales se asentara en aquellas tierras vírgenes y aunque la población nativa se mostrase indecisa al principio, eran pocos los que, tras casi un siglo de ocupación, la aceptaran de buena grado.

Fue justo por esas fechas que Helmut Amsberg se instaló en Djambai a cargo de la factoría acomodándose en la casa colonial adyacente junto a su esposa Heike y su hija Dotte. En cuanto Labah las vio llegar acompañadas de seis porteadores acarreando un baúl y semejante colección de aparatosas sombrereras en tonos pastel, lo supo: “Con las lluvias, la mujer contraerá las fiebres”. Y no pudo más que sonreír a la araña que absorta en el tejido de una red casi invisible, se esmeraba en cubrir con su velo dos florecillas color champán. 

La familia Amsberg tomó a la joven Labah como personal de servicio y rápidamente se encariñó con la niña. Durante la sobremesa, mientras los padres dormían, solía contarle leyendas de la vieja Sumatra donde la jungla se adueña de todo cuanto crece y huele por doquier a orquídea salvaje. 

“Samudra Pasai es la isla que surgió del fuego y el sol caldeó con tanto mimo que nació una gran selva de pequeñas criaturas de ojos rojos que todo lo miran..."


 La voz de la criada era tan melodiosa que las palmeras le hacían los coros y a cada pausa, parecía que se detuviera el mundo y el monte Kerinci contuviese la respiración. 

“… Todos eran felices en el reino de Aceh hasta que en tiempos del príncipe Alauddin Shah irrumpieron las mariposas y la araña violinista se vio obligada a rondar los troncos de las acacias en busca de coloridos capullos…”

Labah resultaba tan complaciente que, en ausencia de la malograda Heike, consiguió mitigar como un bálsamo tanto la soledad de Helmut como la tristeza de Dotte. Bajo el calor pegajoso y la lluvia que no cesa ella alimentó sus cuerpos, sus mentes, sus egos e incluso su delirante imaginación. Se paseaba semidesnuda con una orquídea en el pelo desplegando esas pupilas curiosas que todo lo ven... Muy pronto las noches de tul serían del padre, los días de trópico pertenecerían a la niña y las largas horas de sopor se encargarían del resto.  

De modo que para cuando partió el monzón, la deliciosa Labah ya era indispensable en un hogar de repente invadido por fragancias de lo más exóticas suplantando así, sin más, a la fugaz esposa y madre y pudiendo disponer por fin de todos sus sombreros. 

“…Pues la araña violinista, una vez eclosiona la larva y el cielo estalla en aleteos, se tumba panza arriba y parece una cagada de pájaro. Así es como caza a las mariposas de irisaciones fluorescentes”.










viernes, 29 de enero de 2016

«La Lectora del barrio francés» Cap 14. "Con mis peores deseos".



«La Lectora del barrio francés»
Luces y sombras de Nueva Orleans.

Mi novela de los viernes.  












Capítulo 14.   Con mis peores deseos.


         A veces abres los ojos y te sorprende el día. Miras a tu alrededor y el suelo, los cuadros y el mismo aire te son ajenos. Es entonces que, confundido te empeñas en hacer memoria y por más que te devanes los sesos, no reconoces nada que te ligue a esa condenada habitación. La primera reacción, cerrar los ojos pero no sirve, vuelves en sí y todo sigue igual. Descubres que no hay vuelta atrás, no es ningún sueño. Comprendo como se siente Grace, en vida solo me pasó una vez cuando subí a  la casa del árbol de mi hermano sin permiso y me golpeé la cabeza con una rama. De repente amaneces en un impás y te invade la angustia. Salvo chillar no puedes hacer gran cosa, te tocó y punto. Y una vez dentro solo te queda lidiar con tu propia pesadilla tan palpable que aceptas como real aunque parezca pertenecer a otro. Va seguido de una sensación como si se detuviera el mundo y tú siguieras latiendo ¿verdad? Solo que a cierta distancia. Claro que, en mi caso, hace mucho de eso. Ahora experimento más bien lo contrario, es la tierra que gira y gira mientras mi carrusel se queda parado. 



La muchacha se incorpora en la cama de aquel modesto altillo, los muelles crujen como sórdidos gritos de gaviotas. Una vez estuve en Galveston y contemplé el mar... Fue un día perfecto. Ay... ¡qué tiempos! Puesto que no acumularé más, me aferro a mis pocos recuerdos. "¿Dónde me he metido?" Espeta Grace para sí misma y en respuesta un puñado de explicaciones peregrinas se disparan desde su abotargada cabeza para, sin demasiado atino, limitarse a rebotar por las paredes. Hasta que repara en toda una suerte de objetos insólitos que, aunque le desagrade, se dirigen en una sola dirección: "No puede ser... Una cuchilla de afeitar, un sombrero hongo, una armónica..." Todo apunta a que ha dormido en el cuarto de un hombre con el que presumiblemente ha pasado la noche... "¡Maldición!" Observa una camisa tirada y la sola visión en su mente de un torso desnudo la atemoriza. Confusa, olisquea las sábanas y se le empañan los ojos. Se siente morír, jamás soñó con perder la virginidad con un perfecto desconocido. Pero Matt no está, ha salido, es por eso que Grace toma conclusiones precipitadas y no hay nadie presente para desmentírselas. 


¿A dónde has ido, pequeño crápula? Dios sabe que deberías estar ahí. ¡¡¡Con ella!!! Yo tomaría su mano entre las mías, le contaría una versión ligera de lo que ocurrió ayer-noche y le haría entender con extrema ternura, como tantas veces hizo ella por mi cuando madre me ninguneaba. Y sobretodo, por nada del mundo me separaría de su lado. Odio la soledad, es la peor consejera... ¡Si yo pudiera! Es por eso que coloco a Kouassi bajo la colcha arrugada a sabiendas de que Grace la encontrará en cuanto estire la tela y en cuestión de minutos la halla allí donde la dejé. La abraza y compruebo que conforme a mi plan, la carta que asomaba en el bolsillo de su vestidito sigue ahí y aún respinga. 


Grace no se plantea cómo llegó Kouassi hasta tan destartalada habitación, lo obvia y decide hacer caso omiso. Creo que prefiere no saberlo y ¡cómo reprochárselo! Yo habría hecho exactamente lo mismo. Ella necesita desesperadamente un eslabón de su antigua vida y si aparece, lo acepta sin remilgos, Le da igual si cae del cielo o del infierno o si lo trajo un cartero musical. Le proporcionará compañía, es lo único que importa. Y es que para ciertas cosas Grace es muy niña, figúrate que siendo una mujer hecha y derecha aún cree en cuentos de hadas. Los vive, los saborea a lametones como haría con una manzana de caramelo. Doy fe, cuando los leía para mí se quedaba absorta... Teníamos un mundo propio, ahora desierto, regido por una sola regla: predominaban los finales felices.  


Cuando Grace se evaporó de mi vida habría dado cualquier cosa por guardar un camafeo, una cuenta de un collar o un sencillo botón de su ropa. Me habría contentado con un pedacito de ella, por pequeño que fuera. Pero no fue así, mi institutriz se esfumó sin más como un fantasma dejándome dentro un vacío infinito. Tras su apresurada partida Mamá echaba chispas y se propuso arrancar de raíz su rastro como quien erradica una mala hierba del jardín. Implacable, marcial, con una eficacia fría y debastadora. Hasta se permitió simular uno de sus ataques de nervios de esos que reservaba para ocasiones especiales, cada vez que sacaba el tema. Pero fue tal mi persistencia que tras un par de patéticos escenitas grotescas dignas del mejor bodevil, verse obligada a zanjar la cuestión sentenciando entre jadeos: "Olvídala, Celine, no malgastes tus lágrimas por esa cualquiera. Para ella no eres nadie ¿entiendes? Solo te utilizó para acceder a tu hermano." Escuchado esto, algo se agrietó en mi interior, mi castillo se derrumbó y corrí a mi habitación para no salir jamás. Lo que me lleva inevitablemente de un tazón de chocolate a una carta y viceversa, la que revelará a mi queridísima Grace lo delicado de mi estado y justo ahora roza con las yemas de los dedos... 



Mi pequeña Grace, 

Si hoy me dirijo a ti en estos términos es porque estoy destrozado y no puedo soportar yo solo esta carga. No sabes cuánto lamento el desenlace de nuestra relación y no me refiero a ti y a mi, ni remotamente. Nuestro idilio no debió tener lugar, era del todo inadecuado y ambos lo sabíamos. Por supuesto, madre me conoce bien y me reitera que estoy exento de toda culpa. Fuiste tú que me embaucaste con malas artes e imbécil de mi, sucumbí a tus encantos. Por eso no puedes seguir al margen, no lo mereces, habrás de soportar conmigo el peso de lo ocurrido.

Me ocultaste tu raza... ¡Pérfida criatura! ¿Cuánto tiempo pensabas atrincherarte en tu secreto? Hasta que me deshonraras con un hijo más negro que el tizón. Mancillaste el buen nombre de la familia y no contenta con eso, antes de partir nos condenaste a la desdicha. De ahí, todas las desgracias acontecidas. Tu y solo tú, Grace, eres la responsable. El mismo día de tu marcha Madre sufrió un desfallecimiento en el jardín y abatida requirió de sus sales. Padre salió a pasear con su pura sangre Galiard y al pegarle con la fusta para que saltara el riachuelo,  el equino le lanzó sobre los setos. Manso como era... ¡tú le has poseído! Cómo suponer que tu juego siniestro no había hecho sino empezar, tu venganza sería larga y aún quedaba lo peor... A la mañana siguiente cuando la doncella de Celine fue a correr los cortinajes de su alcoba se la encontró desplomada con los ojos en blanco y los labios azules. Mi pobre hermanita, siempre adoró el chocolate... ¡Y tú lo sabías! Así como lo bien que enmascara el veneno... Aún no sé como te las ingienaste, Grace. ¡Cómo pudiste! Celine era solo una niña, fuiste para ella una hermana mayor. Es más, ella te adoraba. Engañaste al médico que se decanta por el suicidio pero no a mi. ¿Suicidarse, Celine? Una criatura tan tímida y sensible... ¡Imposible! ¿Por qué habría de hacerlo? Cierto, era algo reservada pero es una actitud propia de damitas elegantes y delicadas. A ti y sólo a ti te abrió su diminuto corazón. ¿Por qué habria de quitarse la vida si le quedaba tanto por leer? Tus cuentos la despertaron de su ensimismamiento, eran su gran pasión. Seguro que hiciste uso de la magia negra para nublarle la mente y enturbiarle el alma para que rasgara con furia los libros con su peineta aquella misma noche y entre aquel amasijo de papeles dejara una nota concisa y foto tuya con un corazón pintado con cacao sobre el tocador. 


Todo pasó muy rápido, nada sabías pues enmascaramos los desagradables detalles de su muerte pues de desvelarnos no nos acarrearían sino mayor deshonra. Sobornamos al médico y a la nueva institutriz para que callaran, no resultó difícil. Pero tú merecías saberlo pues una vez saciada tu sed de rabia estoy seguro de que te inundarán los remordimientos y entonces, mujer ingrata, desearás morir. Celine era nuestra pequeña flor de aroma exquisito, lo más puro y dulce de esta gran casa. Y tú ¡¡¡nos la has quitado!!! Me equivoqué contigo, pequeña bruja... Está visto que te infravaloré. Mi sola culpa, creerte una pobre ignorante. Si pretendías vengarte arrancándola de mi lado, Grace, me temo que lo conseguirse. Forjaste un plan ambicioso, sutil y tan brillante como atroz. 

La quería lo mejor que sé querer y tú te la llevaste. Mi más fría y sincera enhorabuena. 



                                                                                    Con mis peores deseos, 
                                                                                                          Claude. 




Lo sé, quizás no es el mejor momento para remover el corazón de un ángel caído. Grace está hundida y esta carta no hará sino resquebrajar para siempre su pequeño yo pero es que no lo hago por ella sino por mi, no puedo esperar, deseo que esté al corriente de mi desgracia que, por extensión, también es la suya. Pues donde vaya Grace, irá Kouassi y yo estaré con ambas. Solo con Grace conseguí ser feliz, ellas son la única familia que quiero. 

Tras mi fatal desenlace me vi privada de chocolate caliente para los restos y lo acepto pero ¡no cederé más! Ni un ápice. De saber que me condenaba a la oscuridad, no habría obrado como lo hice... Estoy muy sola y Grace es mi única luz, el resto no más que tinieblas. No renunciaré a ella, perderla otra vez sería como quitarme la vida y juro que no volveré a pasar por eso. No me privaré de ella ni de su voz prodigiosa, necesito sus cuentos. Y es que cuando lee, brotan de su boca un millar de sensaciones que siento como propias y me transporta a un montón de vidas de ensueño que en mi condición me han sido vedadas... Por eso ha de saber que morí, cierto, pero sigo aquí ¡no me he ido! Para que me sienta cerca, me tenga presente. Vuelva a cepillarme la melena como solía cada noche y recite mil historias solo para mi.


Vamos, chiquilla, devora la carta ¡antes de que te interrumpan! - le insto con la mente aunque sin demasiada convicción, consciente de que entre nosotras no hay telepatía o sabría ya de mi presencia. El tiempo apremia, Matt vendrá enseguida, fue a buscar al burdel la maleta de Grace para atenuar su desconcertante despertar ofreciéndole su propia ropa, Y conforme entre el músico en la buhardilla, acaparará su atención y la carta y yo pasaremos a segundo plano. Saludará sonriendo, como si tal cosa y le entregará a Grace de nuevo al alba un guante desparejado... ¿recuerdas? Se trata de un déjà vu. Así es, eso ya pasó y fue un momento mágico. Algo así como una broma del destino que la reconfortará en lo más profundo. ¿Una señal? Posiblemente. Solo sé que colmará sus pensamientos, con una amplia sonrisa iluminará su rostro.  


Desayunarán un pan de ayer, auguro. Se darán aliento el uno al otro, respirarán el mismo son. Al menos en las novelas románticas es así como pasa, ¿no?. 


Dos bucaneros en alta mar... Aaaay. 

"Eso es lo que les pasa a los caballeros de fortuna. Viven una vida dura, y con riesgo de que les cuelguen; pero comen y beben como gallos de pelea, y cuando terminan un crucero, qué, cientos de libras, en vez de cientos de peniques, en los bolsillos. después, la mayor parte se les va en ron y en francachelas, y a la mar otra vez, con sólo la camisa.

                                                                                                                       R.L.Stevenson.


Dos naufragos sin rumbo mecidos por el mismo mar incierto... Suspiro. 

"Me empeñé en construir esta canoa como el más estúpido de los hombres, como si hubiese perdido totalmente la razón Me agradaba el proyecto y no me preocupaba en lo más mínimo si no era capaz de realizarlo. No es que la idea de botar la canoa no me asaltara con frecuencia sino que respondía a mis preguntas con la siguiente insensatez: «Primero ocupémonos de hacerla que, con toda seguridad, encontraré la forma de transportarla cuando esté terminada."

                                                                                                                       Robison Crusoe. 


Nunca tuve los besos de un hombre, no noté en el paladar el sabor de la sal ni el quemazón de la nieve en las manos... Mi legendaria aventura terminó antes de empezar y ya no sabré lo que se siente sino por los libros. Por eso observo a la pareja, extasiada, me recreo en el olor de su piel, en el vigor de sus gestos.  Esos dos cuerpos hermosos y su cercanía es lo más parecido a vivir por mi misma que experimentaré jamás.

Dos seres errantes, eso es lo que son, sin apego a nada y es que la vida no les ha tratado demasiado bien a ninguno de los dos, no esperan gran cosa del nuevo día... Hoy por hoy, todo les asusta. ¿Y por qué atormentarse con el mañana? Si aún está tan lejos... No tienen prisa por recuperar sus vidas. Me doy perfecta cuenta de que están bien juntos y no me gusta la idea. Matt y Grace, Grace y Matt... Y entonces, ¿yo? ¿Qué pasa conmigo? Tal vez debería prescindir de Matt, claro que me encanta que me canten casi tanto como que me lean y mientras entone melodías cada mañana mientras se afeita no pondré reparos a esta relación. Al menos, de momento. Les concedo una tregua con fecha de caducidad pues si ella osara leer en voz alta para él... Ah, no y mil veces NO. ¡No lo permitiré! Entonces y solo entonces me vería obligada a actuar y me temo que seré implacable.


Yaya, no contaba con esto: El crujir del pan me da grima. Uhm, creo que les dejaré un rato a solas pero qué no se acostumbren a menos que deseen ponerme a prueba...  
 ...Miro al bello Matt y con tono lastimero concluyo: 
¿No sería una auténtica lástima que una cantinela tan deliciosa concluyera abruptamente?



martes, 26 de enero de 2016

RELATO: "8 Vidas y 1 Fuga".




8 Vidas...   
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Mi loja no es un establecimiento muy concurrido, solo recibe visitas esporádicas de mercaderes de poca monta, anticuarios de segunda, chatarreros y demás petimetres dispuestos a hacer negocio a mi costa. Por lo general tan “distinguida” clientela luego malvende en el mercado de abastos los juguetes de madera, chapa y mayólica recién remozados haciéndolos pasar por nuevos y yo hago la vista gorda. Así es la vida de un carpintero remendón y no me quejo, por un desafortunado incidente el gremio de ebanistas me dio la espalda y desde aquello me limito a regentar el Hospital de Bonecas en la Praça da Figueira sin más responsabilidad que comer cada día y pasar por la vida sin mayor revuelo. No estoy para reproches, corren tiempos oscuros y sobrevivir en la clandestinidad me temo nunca fue tarea fácil.

Volviendo a aquella tarde, no se presentó ni mejor ni peor que otras. Me comprometí a arreglar un triciclo sin cadena, un acordeón con el fuelle rasgado, un coche de hojalata desmaltado y una muñeca de porcelana calva y desnuda.  Ya, no eran precisamente reliquias pero su reparación me permitiría cenar por lo menos tres noches seguidas. Un lujo, dadas las circunstancias. Y en esas estaba, relamiéndome con la visión de un pollo en salsa cuando unos pasos descompasados resonaron en el umbral dando al traste con mi banquete. Me pudo la curiosidad, ojeé por la mirilla, bajo el portalón se personaba un insólito huésped que quedose ahí plantado, expectante como el cartero. No sé quién le dio razón de este taller ni cómo diantres consiguió llegar hasta aquí en su deplorable estado pero lo hizo. Intenté ignorarle, pensé que desistiría… Había escuchado historias sobre criaturas errantes y me consta que no presagian nada bueno. Pero no se separó de la portezuela, permaneció ahí callado y aterido de frío un tiempo que se me hizo eterno. ¡Pobre diablo! Prudente, perdido y tan mancillado en su pundonor que no se atrevió ni tan siquiera a hacer sonar la campanilla.

El desgraciado solo llevaba un pantalón de peto rojo con parches, camisa blanca, lazada negra y un gorrito bastante estúpido. No sé, quizás fuera esa oreja colgando lo que me conmovió o la pierna enclenque de madera de pino que arrastraba clavando el zapato de hebilla en la tierra como un rastrillo… No, lo cierto es que fueron sus pupilas dilatadas las que me partieron el alma, pude ver a través de ellas y vislumbré un miedo atroz. Huía de la penumbra, llevaba oculto demasiado tiempo y el viento del norte arreciaba ahí fuera de modo que flaqueé, no soy de piedra y le dejé pasar acarreando consigo su tremenda desazón. Un gesto fue suficiente, ladeé la cabeza y comprendió: Entraría con su pequeña maleta que dejó apoyada sobre el mostrador para luego dejarse caer frente a la salamandra al abrigo de la lumbre. Apenas mediamos palabra. ¿Para qué? Sabía de dónde venía, quienes le acecharían tan pronto amaneciera e incluso a qué me exponía yo proporcionándole cobijo. También que cuando llegara su hora me encogería como un ovillo y les dejaría hacer sin oponer resistencia. No soy ningún héroe, me falta madera.

Al rato me puse en faena, no podía dejarle así. Atornillé su rodilla desvencijada, le acoplé un ojo de vidrio reluciente, le cambié un par de clavijas del hombro y lijé dos de sus dedos desportillados. Trabajé contrarreloj, tanto la luz de gas como el martilleo continuo nos delataban. Y como cabía esperar, por más que le supliqué, el odioso reloj de cuco no perdonó ni un tic-tac y se hizo la medianoche. Apenas quedaba tiempo, la tensión me podía. Yo, cada vez me hallaba más febril en contraste con la calma de mi paciente frío y sesudo. Ni un gemido, ni un sollozo, si le dolió algún ajuste de tornillos ni se inmutó tragándose el sufrimiento.

“Pinsiete - dijo llamarse – Pero todos mis nombres se esfuman  y éste no me pertenecerá por mucho tiempo” - puntualizó. Definitivamente, era un títere errante por siglos fugitivo que presumiblemente ya había pasado lo suyo y para quien el mañana no pintaba mucho mejor. Rebusqué en mi memoria marchita: “Ocho vidas tienen los títeres, solo una más que los gatos y seis menos que las mariposas” – tras lo que, incómodo por mi poco tacto, maticé enseguida – “Claro que solo son habladurías…”  Añadiendo así una perfecta mentira a mis demás deshonras pues el Tratado de las Especies era muy claro al respecto. Así es como morían los de su naturaleza, estaba escrito de modo que Pinsiete tenía los días contados y languidecería sin excepción. 

Le ofrecí un lecho, las virutas de serrín parecían lo bastante mullidas como para recostarse y simulando estar agusto intentó descansar en vísperas del día horribilis. La madera se deteriora, es lo que tiene y allí tendido, tras toda suerte de peripecias, mi diminuto invitado semejaba un niño viejo. Durmió. Soñó, supongo, hasta que de nuevo estalló el chirriante reloj de cuco sin el menor escrúpulo dando la bienvenida al alba. Y surgió el sol y al astro le siguieron las irritantes sombras que se arrimaron a las ventanas empañando el vidrio de vaho caliente. Osadas, arrogantes, nos rondaban divertidas. El taller permanecía cerrado, sumido en silencio si bien solo era cuestión de tiempo que los escurridizos esbirros del museo de marionetas consiguieran colarse por alguna rendija. Son ellos, no es ningún secreto. Así es como el Museu da marioneta reacciona de acuerdo con el protocolo ante cada caso de evasión. Activa sus mórbidos tentáculos desde su sede en Rua da Esperança por toda Lisboa para dar captura a sus huéspedes para luego complacerse en servir de residencia obligada a todos esos títeres olvidados, mecidos por la lluvia hasta enmohecer.

Los intrusos terminaron por acceder al sótano y al percatarse Pinsiete de su desagradable presencia, le urgió entregarme la maleta con sus pocas pertenencias: “Tome, confio en que hará buen uso de ella”. Con esas crípticas palabras me la dejó en custodia y eso que solo contenía un diario escrito de su puño y letra y un desgastado ejemplar de Moby Dick. Cruzamos una mirada fugaz y nos despedimos, le neutralizarían por momentos. Entonces Pinsiete clavó sus iris en la llama titilante y en medio de una serenidad pasmosa se preparó para morir recluyéndose en una esquina, era algo que debía hacer solo. Fue entonces que las sombras le envolvieron borrando su mente en un torbellino de recuerdos mientras yo callaba y falto de aplomo me mantenía al margen

Me maldije apretando sendas encuadernaciones contra mi pecho en un ataque de rabia contenida siendo justo ante esa proximidad que el diario me tocó el corazón y reparé en tantas historias que guardaba escondidas… “¿Habría sitio para otra más?”- me cuestioné, nunca una pregunta retórica resultó tan efectiva y es que en ese instante se me hizo la luz embarcándome a ciegas en un plan de lo más absurdo: De inmediato me vi arrancando como un vándalo un grabado de la célebre novela de Herman Neville con la ballena en primer plano para, en otro impulso sinsentido, introducirla al azar entre las páginas en blanco del cuadernillo junto con el botón que se le cayó al títere errante en plena trifulca. No contento con aquella sarta de despropósitos continué, estaba en trance. Movido por un ansia descomunal tanteé el tablero de la mesa hasta hacerme con un punzón: “¡Servirá!”– me dije entusiasmado. Y abrumado por mi repentina determinación hundí su punta afilada sobre la tapa del diario rasgando el cuero. “P-I-N…” Marqué con saña, solo que para entonces Pinsiete yacía inerte en el suelo y esos malnacidos se disponían a llevárselo a rastras. 

En mi impotencia grité a la bruma: “Pinsiete, ¡renace! Si contabas con ocho vidas, aún te queda una.” Y fue in extremis, en medio de un último repunte de disparatada euforia, que logré clavar una vez más el punzón sobre la cubierta con mis manos temblorosas forjando así para mi leñoso amigo un nuevo nombre que estimé de lo más adecuado. “Te deseo una vida de cuento.” – susurré mientras el diario incompleto engullía de buen grado tanto a títere como a ballena. “En adelante, te llamarás Pinocho”. Y el modesto papel a rayas se hizo leyenda

No será una profesión tan ingrata, después de todo.



... y 1 Fuga.





martes, 19 de enero de 2016

Amigos con mucha Química









Hace quince días la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) ha anunciado cuatro nuevos elementos químicos, de números atómicos 113, 115, 117, 118 que completan la séptima fila o período de la tabla periódica. No constituyen un hallazgo tan reciente, desde hace siglos se preveía su existencia y fueron individualizados hace algo más de una década. Este paso es mera formalidad, supone la validación oficial de unos descubrimientos que tuvieron lugar en los años 2004, 2003, 2010 y 2002 respectivamente. Y si las cosas de palacio van despacio y las de laboratorio ni te cuento pues aún falta dar nombre a los cuatro nuevos elementos. Por el momento se les conoce como ununtrío, ununpentio, ununheptio, ununoctio y como no se trata de cutrillizos tocando el acordeón, recibirán otros apelativos en breve. Mucho más sugerentes en el futuro, espero y justo aquí es donde entro yo.


La ciencia avanza y no es momento de quedarse con los brazos cruzados, por mi parte me dispongo a escribir una carta sin demora a la IUPAC para proponer a la reputada asociación internacional cuatro nombres inspiradores y definitivamente, mucho más adecuados. No os preocupéis por mi, participé activamente en la petición colectiva del bautismo científico de la Constelación Cervantes mediante difusión y voto así que ya soy veterana en esto. Ya veis, no me queda tan grande. Esto es solo un borrador, necesito vuestro consentimiento:






En Madrid, a diecisiete de enero del 2016. 



Muy Sres míos, tras debatirme entre mil y una composiciones semánticas creo haber dado con los apelativos más adecuados para los recien reconocidos elementeos químicos. Conclusión a la que no he llegado a partir de capricho o impulso sino tras años de continua observación.

Concretando:
El elemento 113 de la tabla periódica pasaría a denominarse MELANIO

Por su parte, el elemento químico 115 sería conocido como ESTHERIO
En la misma línea,  el elemento 117 recibiría el apelativo de GUILLERIO
Asimismo, no estimo para el Elemento 118 nomenclatura más idonea que LEONIO.

¿Por qué esos nombres? Cierto, no obedecen a una decisión racional si bien están más que justificados. Pues en química, un dato experimental importante es que sólo los gases nobles y los metales en estado de vapor se presentan en la naturaleza como átomos aislados, en la mayoría de los materiales que nos rodean los elementos están unidos por enlaces químicos. Enlace significa unión, un enlace químico es la unión de dos o más átomos con un solo fin, alcanzar la estabilidad, tratar de parecerse al gas noble más cercano. Para la mayoría de los elementos se trata de completar ocho electrones en su último nivel. Las fuerzas atractivas que mantienen juntos los elementos que conforman un compuesto, se explican por la interacción de los electrones que ocupan los orbitales más exteriores de ellos (electrones de valencia).


Cuando dos átomos se acercan se ejercen varias fuerzas entre ellos. Algunas de estas fuerzas tratan de mantenerlos unidos, otras tienden a separarlos. En la mayoría de los átomos, con excepción de los gases nobles (muy estables, con su última capa o nivel de energía completo con sus ocho electrones), las fuerzas atractivas son superiores a las repulsivas y los átomos se acercan formando un enlace. Así, podemos considerar al enlace químico como la fuerza que mantiene unidos a dos o más átomos dentro de una molécula.

Objetivamente pongo de manifiesto que tras un exhaustivo estudio del comportamiento cotidiano del blog LloviendoHistorias éste viene interactuando como una molécula y cuenta con un grado de estabilidad y equilibrio óptimos derivado de un fuerte e indisoluble enlace químico entre MERE Y SUS AMIGOS. Es más, iré aún más lejos: Me atrevo afirmar que EXISTE QUÍMICA entre ellos. Por lo que no imagino mejores nombres para las nuevas incorporaciones a la tabla periódica que aquellos por los que me comucico comunmente con personas tan importantes para mi.

Científicos burócratos y científicas burócratas, consideren mi petición formal con el respeto y equanimidad que merece. Sin más que añadir, quedo a la espera de su pronta respuesta.


                         Les saluda cordialmente:

                                                   

                            Mª José Enrech Francés
                               (aspirante a friki)






Ojalá esteis de acuerdo, sin vuestro beneplácito esta petición carecería de sentido. Por el momento aprovecho este impás para corregir erratas y ultimar preparativos a la espera de contar con vuestra aprobación, para luego enviar la carta Research Triangle Park, NC por correo certificado cruzando los dedos. De modo que si os llega un sobre por supuesto amarillo (como en las películas) de la IUPAC Secretarat firmado por Mrs. Enid M. Weatherwax en nombre del mismísimo Dr. Lynn Soby avisadme y gritaré ¡¡¡Eureka!!! a los cuatro vientos revolucionando a los gases nobles que de tan equilibrados, tienen que andar mortalmente aburridos. Pues de todos es conocido el sopor de la nobleza... Proporcionémosles pues un poco de diversión. 
Y España será una fiesta, a little Big-bang en vuestro honor.