viernes, 28 de noviembre de 2014

LA DESCRITORA Cap. 9


Mi novela de los viernes: LA DESCRITORA







Cap 9. Champán sin burbujas.

Me levanto con las primeras luces, consciente de que por más que me acurruque bajo la colcha, no conseguiré conciliar el sueño. Durante largo rato me pierdo entre la ropa de Monique. Rasos y encajes me acariciaan la cara, como colarme en la tienda Alain Manoukian en la rue d'Halery ¡para mi sola! Y jugar a revolver, justo antes de que abran. Estoy tentada de dejarme caer sobre aquel montón de prendas sedosas. Tendida sobre un colchón de glamour, dormíría como una niña. Pero si entra Mrs. Kloos con un juego de toallas y me encuentra ¡levitando! Empañaría mi imagen, no puedo permitirlo. Se supone que estoy acostumbrada al lujo... Además, echaría a perder todos mis vestidos. Una vocecilla me fustiga con saña. Con ella en el lóbulo frontal, le quita toda la gracia.

"Observa, escucha. Mueve ficha la última"

Gritó Madame Tulipe en plena calle. Estaba fuera de sí, como poseída. Y aún así, tenía razón. No me he dado cuenta hasta ahora pero aquella mujer no desvariaba. Se puso en mi piel, haciéndose eco de mis puntos débiles: Así es, me encanta que me observen, que me adulen. Deseo hacerme notar más que nada en el mundo. Me halaga su atención, la busco desesperadamente. Me regodeo en sus miradas... Quizás porque he estado a la sombra demasiado tiempo. Pero la fama entraña un riesgo:

Con todos ustedes, "Monique, al desnudo"

Ah, no. ¡No lo consentiré! De ninguna forma. Por un destello de admiración, no tiraré todo por la borda. Qué sea otro el que disfrute de los flashes. Dichosa vanidad, que nos hace tan vulnerables.

Elijo un camisero en tonos pastel, nada demasiado cálido. Necesito parecer equilibrada, lejos del torbellino que soy. La viva imagen de la sensatez y la cordura. Transparente, inodora, incólora, insípida... Más clara que el agua, en definitiva. Sencilla, en mi porte. Discreta, en mis opiniones. Un rostro sin gestos, previsible y silencioso cual maniquí. Solo me permitiré la media sonrisa, propia de una muñeca. Si me costará... Muchísimo. Controlaré mis impulsos, mis pensamientos retorcidos. Haré oídos sordos a todos esos miedos que sacan lo peor de mi. Mi propósito, hacerme respetar. Mi mejor baza: Soy un enigma. Lo sé, lo noto: Mi presencia les desconcierta, desata los ánimos, les desapacigua. Intentan disimular, pero hay algo en mi que les paraliza. Así es, no saben a qué atenerse conmigo ni yo con ellos. Y así hemos de seguir: Ellos, a raya. Y yo, aprendiendo. Hasta ganarme su confianza... Luego, ya veremos.

Claro que no es cosa mía, ya lo dijo Warhol. Todos tenemos una oportunidad, el mundo se democratiza.

"En el futuro, todo el mundo será célebre al menos durante 15 minutos. 
Todos merecen su instante de gloria".

Y como sería pretencioso por mi parte, contradecir al icono del Pop-Art. Una mente influyente. ¡Toda una eminencia! Pongamos que me alojo en el Hotel Lutetia tres noches... Me concederé cinco minutos al día ¡no más! Cinco minutos míos, para brillar. Seré un acopio de gracia, despreocupación y desenfado, cual la princesa Giselle cantando con los pajaritos.

- "Solo cinco minutos" Como una estrella fugaz, visto y no visto.
- En la noche de San Lorenzo, tardan solo cinco segundos en atravesar el cielo.
- Solo cinco segundos ¡ni hablar!
- Entonces brillaré como un boing 437 que parpadea luminoso en la oscuridad inmensa. Casi tan mágico como la estrella fugaz, solo que más lento y así cuento con algo más de tiempo.
- Claro que cual intrusa, casi me veo más de nave espacial.
- Eso, eso. Con ¡tecnología alienígena! Un misterio, por descifrar.

Así que me visto elegante. Maquillaje, el mínimo. Y aún así me pica la cara. En fin, gajes del oficio. Ando torpona, es por los zapatos que me están grandes. Pero despierta en mí la chica de recursos, ¡justo a tiempo! Y meto algodón en las puntas. Es lo que pasa cuando estás sola, te vuelves autosuficiente. Voilà, la reina de las chapuzas. No exagero. Tan apañada como Mc Gyver, solo que con tetas y enfundada en bailarinas. Para que te hagas una idea, sería capaz de pescar un bacalao provista solo ¿con una percha? Por descontado. Hasta a un sacapuntas puedo encontrarle varias finalidades.

Respiro hondo y me dispongo a bajar las escaleras. La acústica es excelente y mi falda se ahueca. Siento ganas de bailar y como no hay nadie, empleo mis cinco maravillosos minutos en danzar a lo Leslie Caron repiqueteando por los escalones. El escenario es inmenso, un sueño para una artista. Para una aficionada... no digamos. Y el hall está desierto, si bien noto una presencia. Una sombra. La siento... Es Mignon, que abandona el despacho. A la altura del hall, se detuvo. Y ahora reemprende su marcha cansina, con esa serie acompasada de pasos asimétricos. Y lejos de alarmarme, me río para mis adentros... Me halaga ¡un espectador! Diviso una luz tenue en el despacho y entro, sin siquiera llamar a la puerta...

- Primera indiscreción del día. Mademoiselle, ¡qué descaro! - Edgar se ríe y su risa me incomoda.
- Venga, siéntese. ¿Le apetece un cigarro? Me conviene hablar con alguien, mi psicólogo me recrimina porque pienso demasiado. A decir verdad, no entiendo por qué le molesta, mis silencios le resultan onerosos. Una vez entro en su consulta, me siento en el diván y me pierdo en mis cavilaciones. Convendrá conmigo en que como paciente, soy un verdadero chollo.
- Pues hoy tiene la lengua floja.
- Será este lugar... O las tres copas que llevo encima. Disculpe, que desconsiderado soy. ¿Un martini? Tengo escondido un bote de aceitunas... - Su cara se vuelve pícara, de pronto reparo en las pecas que le salpican el rostro.
- Pero si aún no son ni las siete, comienza usted muy pronto.
- Soy víctima del Jet-lag y en Boston aún no es medianoche.
- Y esa bandeja de sandwiches... ¿Cena o desayuno?
- Por favor, sírvase. El bueno de Mignon ha untado el bote entero. Dice que le da nauseas el olor de cacahuete en su cocina ¡franceses!
- Cuidado, que yo también soy francesa.
- Será francesa, pero no tanto.
- ¿Por qué? Soy tan francesa como la que más.
- De ser eso cierto, no permanecería de pie delante de un caballero. Ni comería sandwiches con los guantes puestos.

El tipo, tiene su gracia. Pero sospecho que ve a través de mi, como con Rayos X. Me cala pronto, muy pronto. No lleva bigote y aún así, me recuerda al irreverente Rhett Butler. Esa mirada arrogante y divertida, como si jugáramos al póquer por el Missisippi. Esa insolencia... Me dispongo a saltar como haría la mismísima Scarlet. Arrugo la frente, estrujo el ceño decidida a escupir toda suerte de improperios. A punto estoy de caer en la trampa, como una imbécil. Eso es lo que quiere, que pierda la compostura. Y justo cuando voy a arrancar como una verdulera, lo mismo que si vendiera acelgas en el mercado de abastos perdiendo irremediablemente puntos frente al gringo, un repentino vendaval asola el balcón seguido de un ruido sordo, burbujeante. Y ese fuerte olor a gasóleo...
 .
- Aviones. Pearl Harbour... - Einstein disfrutaría con Edgar, su mente es como un tiovivo.
- Si permanezco de pie frente a usted es porque no tiene ni un pelo de caballero.
- Ahorre saliva, Miss Blue. Salvado por la campana. - Apunta Edgar, divertido, mientras se incorpora y ahueca los cojines - Abotónese la blusa, Miss Blue. Diría que tenemos visita.

Le ignoro, hago como si no le escucho. Pero incómoda por su comentario, me miro al espero y descubro que sí, llevo la blusa mal abrochada.

- ¿Será nuestro anfitrión?
- Lo dudo. Mr. Black resulta bastante esquivo.

Quería freirle a preguntas. ¿Por qué me atribuye un color? Precisamente, el azul. ¿Y qué hay de Mr. Black? Será negro... Llevará frack... Por un instante, imagino a Charles Chaplin trinchando el pollo ¡estoy fatal! Pero una voz cantarina se acerca por el jardín, acompañada de unos pasos decididos. Casi marciales. Y me saca de mis atribuladas conjeturas. Abren la puerta y con la corriente, se desvanece mi castillo de naipes. Así es como mi partida de cartas con Edgar, parece que toca a su fin.

- Si es japonés, le llamaremos Mr. Yellow - Edgar no se cansa de jugar. Susurra y me guiña un ojo.
- Venid, rápido. ¡Ya está aquí!

Es Jasmine, en chanclas. Con las manos llenas de caracolas y una cinta en la cabeza. Por lo general, su sonrisa ilumina todo lo que toca. Pero esta vez no, solo hay un débil fulgor y a decir verdad, se disipa rápido. Porque a su lado hay una llamarada, que no se limita a iluminar ¡deslumbra!

- Primicia, primicia. ¡Qué os lo vais a perder! ¿Todavía durmiendo, dormilones?
- Perdernos ¿qué?

Aparece Jerome por la puerta de atrás, asiendo una caja de rejilla y un cazamariposas. Con las prisas, no se ha descalzado. Mrs. Kloos se pondrá hecha una furia ante las pisadas de barro que sellan sus botas de agua.

- Es Malcolm Landshire, nuestro invitado de honor.
- Gracias, Mademoiselle Jasmine. En adelante, yo me haré cargo de las presentaciones.

Mrs. Kloos toma el relevo, con el moño preto y una lazada desigual en el cuello de la camisa. Parece ser que a ella, la llegada precipitada de Mr. Malcolm, también le ha cogido por sorpresa. Le esperaba en el ferry de la mañana y en vez de eso, aterriza con su avioneta sobre el maizal del campo vecino. Intenta aparentar serenidad, pero lo cierto es que ya está que trina. Y eso que aún no ha visto las huellas de Jerome por el corredor... La mañana promete emociones.

- Bienvenido, Mr. Malcolm. Su presencia en el Hotel Lutetia, es un grato honor para todos los aquí presentes. Confiemos en que se sienta cómodo, intentaremos honrarle como se merece.
- Basta de agasajos, Señora. Debería ser recibido por el anfitrión, no por el personal del servicio. Procedamos, me presentaré yo mismo:

"Lord Malcolm Horatius Alexander Landshire, tercer conde de Birmingham 
y Sargento de fusileros de Su graciosa Majestad".

La voz se le agudiza, lo suelta de corrido. Hay algo infantil en semejante retaíla. Por mi parte, lo de "graciosa" me lleva inevitablemente a las plumas coloridas del sombrero de la Reina Madre y es entonces que mi memoria me juega una mala pasada: Me viene Rossini, con la cara de Lady Elisabeth Bowes Lyon, emplumada de pies a cabeza... Y cuando se dispone a cantar "The Grand Old Duke Of York" se me escapa una risita desvencijada. Edgar pone ojos como platos, fascinado por mi atrevimiento. Me pellizca para que me calle... Sencillamente, no es un buen momento.

- Segunda indiscreción del día, mademoiselle.
- ¡Aaaay! Es que usted ¿no descansa nunca?

Por suerte, Lord Malcolm está demasiado absorto en su papel, como para reparar en la reacción de un público poco interesante para su gusto. No contento con semejante perrorata, el recién llegado sube el mentón y se nos cuadra allí mismo. Si esperaba un desfile o salvas de bienvenida, me temo que se quedará con las gans. Es fuerte y apuesto. Irradia seguridad y poderío. Ninguno de nosotros reacciona, nos ha dejado sin habla. Miro hacia el descansillo de la escalinata y ahí están los demás, Olive con pantalones de amazona, se disponía a cabalgar sobre Mandoline, suele montar yeguas. Gigi, en bata, embadurnada de crema de pepino desde el cuello hasta la sien... Solo le falta el turbante. Y Rémy, envuelto en una toalla del lavabo ¿no la había más pequeña? Juraría que el yogurín disfruta exhibiendo sus bíceps brillantes ¿se habrá frotado con aceite? Me parto.

Mrs. Kloos no es la de siempre, ese inglés la ha humillado y no logra recomponerse. Intenta fingir que no ha pasado nada y retomar el control de la casa. Por eso invita a todos a pasar a la sala de billar, aunque se le quiebra la voz. Allí obsequiaremos al recién llegado con un refrigerio.

- Quizás una limonada infusionada con yerbabuena. O si lo prefiere, una taza de té especiado... ¿Una taza de café? - El susodicho no contesta, aquella mujer le es indiferente - Aderezado tal vez ¿con un chorrito de lícor? - Está usted muy pálido.

Pobre Mrs. Kloos, se deshace en atenciones. Por fin Malcolm se dirige a ella, la fulmina con la mirada.

- El british no está pálido. Es así de descolorido. Como con su regimiento se desplace a la India, necesitará un parasol o se achicharrará al sol como un huevo frito.
- No podía ser más que Olive, la muy arpía. ¿No se da cuenta que nos compromete a todos?
- Ella es así, nada la intimida - se queda pensativo - Es un caballo salvaje.

Sin querer, clavamos la vista en la piel del inglés surcada de venas. Definitivamente el tipo tiene sangre azul. Seguro que está emparentado con el mismísimo Enrique VIII. Se siente observado. Es entonces que alza el brazo y con un leve ademán, hace callar al ama de llaves. Lo que va por los demás, esta claro que no tolerará más interrupciones. Warhol se equivoca.

- ¿A qué esperar? Celebrémoslo aquí mismo. La emoción, obviamente, os embarga. Y en efecto, no es para menos. Qué corra el champán. Adelante ¡Brindemos! A ver ¿dónde están esas copas? - da palmas - Denoto cierta falta de disciplina, poco rigor entre la servidumbre.

Corre Mignon con la bandeja, disimula la cojera cuanto puede.

- Abuelo, encienda el gramófono. Música, por favor.

Gigi y los demás permanecen helados, como estatuas. No hablan, solo se miran de refilón. Olive desciende las escaleras, los demás le siguen. Es Edgar, quien con voz átona e inexpresiva decide romper el hielo, para cubrir al anciano mayordomo que frente a la pila de discos tiembla y titubea.

-  Arranquemos con "Cry me a river", de Ella Fitzgerald. Hará las delicias del champán burbujeante ¿no les parece?
- Me ofende, caballero. Mi llegada exige, como decirlo... Clamor ¿entiende?
- "Grenadiers Slow March" de Haendel. La melodía perfecta, para tal ocasión.

Gigi, que huele a billetes verdes, avanza cruzando las piernas y toma a Lord Malcolm del brazo. Le dedica una de sus miradas seductoras, estudiadas en el espejo.

- Magnífica elección, Querido. Una pieza deliciosa. - añade, con tono afectado - Un ritmo audaz... Denota carácter.
- Chin-Chin! Por el Sargento Malcolm. Un placer, My Lord.
- Disculpe, Madame ¿nos conocemos?
- Por supuesto. Las noches de Londres, no tienen chispa sin mi.
- Estrella del Music Hall... Entiendo. Lo lamento, estoy prometido.
- Pero...
- Es inútil. No frecuento los cabarets, prefiero la pesca con mosca.

Gigi se aparta de inmediato,derrotada. Si bien Malcolm prosigue, ajeno a la reacción de ésta.

- Mi tio Claudius, él es su hombre. Frecuenta el Victoria Palace todas las noches. Sir. Claudius Shepard sabe apreciar los inconmensurables talentos de una mujer, no me cabe duda. - su mirada no es lasciva, más bien taciturna - Octogenario, sí. Pero ¿acaso importa?

De conocerle, sabrían que el distante Malcolm solo intenta ser amable. Y así es como transcurre la mañana, entre pompa y circunstancia. Burbujas, las justas. Warhol, ¿visionario? Te colaste, Rubiales. ¡Y de qué manera!

"Andy, eres un ingenuo. Demasiada sopa Cambell, recalentada en el microondas".

Y es que cuando brilla un Astro, se limitan a deambular los cometas... Nos aguarda una noche sin luna. Ni siquiera vendrán las luciérnagas.




lunes, 24 de noviembre de 2014

NUBLAR, una oferta que no podrás rechazar...


FOTO EN TITULARES

Chicos, estoy muy emocionada. He encontrado recientemente una oferta de empleo muy atractiva, publicada en una revista internacional especializada, que quería compartir con vosotros. Parte de una iniciativa de la Fundación Hammond. Lleva décadas desarrollando un macroproyecto muy ambicioso y de lo más idílico. Pretende reconstruir "una reserva biológica" en una isla tropical cerca de Costa Rica.

Precisan personal castellano-parlante urgentemente. Y por lo visto, los costarricenses no muestran interés alguno. ¿Por qué? Pura superstición. Quizás tenga que ver con los bebés y ancianos atacados en los últimos años por nuevas especies de lagarto en las proximidades... Simples habladurías, chismes y más chismes. Sobre nuestra cualificación para el puesto, no harán demasiadas preguntas. Siempre que nosotros, tampoco les interroguemos.


PLANO DE LA ISLA

Mi contacto, un abogado norteamericano que prefiere permanecer en el anonimato. Promete sueldos astronómicos. Y el lugar de estancia, es ¡el Paraíso! Eso sí, decídete pronto pues la oferta expira el próximo jueves. Si aceptas, un helicóptero de la Fundación Hammond se encargará personalmente de tu traslado recogiéndote el miércoles a las 24:00 horas en el Polideportivo municipal más cercano a tu residencia. Lleva lo imprescindible: botas, calcetines y ropa de camuflaje. Nada de munición, ni revólver ni arma blanca. Si llega el caso, nos proporcionarían dardos tranquilizantes lo suficiente potentes para dormir a un rinoceronte.
Nos llevarán a la Isla Sorna, a 207 kilómetros de Costa Rica y propiedad de los alemanes durante décadas. Ahora es la sede administrativa de Hammond Fundation y firmaremos los contratos. Pasa de la letra pequeña, si la empresa se exime de cualquier responsabilidad en caso de accidente fortuito, es natural. Puro trámite. Nada que objetar, ya nos cuidaremos nosotros solitos.

Allí pasaremos la noche. Y al amanecer emprenderemos la marcha hacia nuestro destino: La isla volcánica de Nublar, a 83 millas. El huracán Clarisa asoló la isla, falló el sofisticado sistema de seguridad y se derrumbaron varias alambradas. Hubo víctimas mortales... Pero eso ocurrió en los 80. Y temer a un huracán ¿con nombre de mujer? Qué cosa más ridícula. Nosotros no dramatizamos ¡somos gente de mundo! Confirmado, no se avecina un terremoto por mucho que por la mañana en las praderas, retumbe ocasionalmente el suelo cerca del río. Nada, todo normal. Eso es simplemente que no estamos solos. ¡Qué bien! La isla no está desierta. No nos aburriremos, no, porque tenemos compañía.


ISLA NUBLAR, EN TODO SU ESPLENDOR

En español Isla Nublar quiere decir "Isla de Nubes". Nublar no es un sustantivo, sino un verbo ('a las nubes'). En correcto español sería Isla de las Nubes, Isla Nublada, Isla Nubosa o Isla Nebulosa. Uséase, "envuelta en nubes".

Lo sé, dispongo de poca información. Para nuestra tranquilidad, me garantizan que la Isla Nublar no será más que una 'Sala de Exhibición' de muestra a los visitantes. No tendremos que manipular material genético ni participar en experimentos de clonación. La nuestra se limita a una labor de campo, sobre el terreno. Las tareas de investigación en bioingeniería no se realizan en las inmediaciones.


VISTA AÉREA DE NUBLAR, VÍA SATÉLITE o.o.

Insisto, pensémoslo entre hoy a mañana. El jueves ya será tarde. ¿A qué tantas prisas? La empresa exige que nos incorporemos cuanto antes, la Agencia de Protección Ambiental de EEUU desconfía, tiene fundadas sospechas sobre la naturaleza de sus verdaderas actividades.Vamos, que hace tiempo que les pisan los talones. Pero nosotros no tenemos de qué preocuparnos, el abogado de la firma me han jurado y perjurado que la multinacional no se dedica ni al cultivo ni al tráfico de cocaína.

En Nublar todo está listo, el recinto expositivo del Enclave A reabrirá en breve sus puertas al público. Es inminente y ya se ultiman los preparativos. El jueves de esta misma semana, mientras los estadounidenses celebran el Día de Acción de Gracias, los demás también estaremos de enhorabuena. No puedo deciros nada más, es un secreto. Solo sé que Nublar mostrará algo espectacular, que conmocionará al mundo entero:

Para disipar dudas, echemos un vistazo a tan maravilloso emplazamiento y de paso, aprovecho para presentaros a nuestros buenorros jefes...

UN ADELANTO, SOLO EL APERITIVO
ADIVINA ¿QUIÉN ES EL POSTRE?


Wellcome to JURASSIC WORLD. 
* Lanzamiento del primer trailer, el próximo jueves.


viernes, 21 de noviembre de 2014

LA DESCRITORA Cap. 8


Mi novela de los viernes: LA DESCRITORA







Cap 8. Voces nocturnas

Mi cuarto es precioso, está decorado con figuritas de bronce Bélle Epoque, pequeñas marinas en acuarela y una lámpara Thiphanys de cristales azul y ámbar ensamblados en forja apoyada sobre la mesilla,que baña las paredes en luz sepia.Toda la sala, cada detalle... Tiene un aire novelesco. Guarda el toque inconfundible de una mujer y no de Mr.Kloos precisamente,

Con la tensión del día, no consigo conciliar el sueño, de modo que leo un capítulo de Les invités y luego me da por curiosear los cajones. Esperaba que estuvieran vacíos, que como mucho contuvieran alguna bola perfumada, papel de cartas, un par de sobres... Tiro del asa y para mi sorpresa, descubro un puñado de objetos personales que no son míos. O alguien los ha dejado allí para mí o son de alguien que se marchó casi con lo puesto. Una agenda, un peluche a rayas, con carita de oso y nariz en triángulo. Un pintalabios carmín intenso. Un bote de kohl para dibujar los ojos. Y un frasco de belladona... Tiemblo en cuanto lo veo.

En el segundo cajón de la cómoda encuentro un paquete de cigarros Gitanes sin filtro. Y en una repisa, junto a una muñeca de trapo descansa un pequeño cuaderno con anotaciones manuscritas, citas literarias, apuntes de prensa, fechas sueltas. Hay una receta oriental pegada con celo y arrancada de un libro. Y páginas después destaca un párrafo a rotulador bajo un epígrafe singular: Secretos de belleza de Madame Kloos.¿Madame Kloss? Pero si esa mujer es una criatura asexual, como las amebas. Y su expresión es más propia de un fusilero napoleónico que de la emperatriz Josefina.

Según parece, mi predecesora era muy coqueta. Y Madame Kloos, tuvo tiempos mejores. Juraría que esa letra ya la he visto antes, se parece al añadido en el letrero de la puerta principal y de repente, me entra un escalofrío. No tanto por si Monique escribió aquello antes de marchar apresuradamente sino al comprobar desesperada que tenemos caligrafías muy distintas.

Me levanto de la cama de un salto y es que me asalta una pregunta: Si hay esto en los cajones ¿qué no habrá en el armario? Tres sombrereras, un chal y dos vestidos de gasa. Un mantón de Manila y un traje de tirantes color carmesí que me resultaban demasiado familiares. Rozo la tela y es tan ligera  que se me escurre entre los dedos.

Es entonces que escucho ruidos fuera, en el jardín. Se acerca un vehículo, se detiene un motor. Me asomo por una rendija de la ventana y veo una moto con sidecar y un hombre con casco, botas, pantalones bombachos y gafas de piloto.

- Bienvenido, Monsieur Gaston, Pase a la salita, le llevarán un refrigerio.
- Gracias, Madame Kloos. Un filet Bourgignon si es tan amable. Y para beber, un Burdeos Chateau Gachon del 51 estaría bien. Fue un año excelente para la uva garnacha y envejeció bien en barrica.
- Enseguida, Monsieur. Mignon lo está disponiendo todo. ¿Encendemos la chimenea? La nubes descienden a ras de suelo, hace frío esta noche.
- En cuanto a los preparativos, Madame Kloos, lo dejo todo en sus manos. Cualquier detalle me es indiferente, salvo una petición: Permita al bueno de Mignon descansar por esta noche. Mejor, que me asista la pequeña Bettina. - Se le ilumina la cara, asomando una risita pícara casi imperceptible. - Me gusta verla revolotear a mi alrededor como una golondrina.

A la vez que un plato sopero de Limoges se estrella estrepitósamente contra el suelo en la habitación de al lado. Bettina corre escaleras arriba. Se tapa la cara, sueña con volverse invisible... Pero no funciona así. Entonces se muerde el labio, escondida detrás de unas cortinas mientras se jura y perjura que, mientras esté monsieur Gaston en la cansa, por nada del mundo volverá a bajar a la bodega.

Eso es a las 2. A las seis otra vez hay movimiento. Un Chrystler del 57 aparca levantando gravilla junto a la fuente. En una forzada maniobra, uno de los maceteros de lilas se tambalea... Mignon se dirige a la entrada cojeando.

- Aguarde, Monsieur Edgar. Es esta niebla...  Es menester que ilumine los setos, encenderé el farolillo del cenador.
- Si algo "es menester" es que me sirva en el despacho un Gin-Tonic largo, sin hielo ¡Traigo los pies helados!
- Y la cabeza caliente...
- ¿Decía algo, Mignon?
- Nada en absoluto.
- Pues entonces retírese, me acomodaré en el despacho yo mismo.
- ¿Desea acaso algún tentempie? Vol-au-vent de salmon, bocaditos de caviar rojo...
- Pues ahora que lo dice.. Sí, me entraría bien un sandwich de cacahuete.
- ¡Americanos! - se aleja meneando la cabeza mientras Edgar avanza a paso rápido hacia el ala oeste para solo entrar en el despacho, dejarse caer sobre el sofá de cuero negro.
- Brinde conmigo, Mignon.
- No estaría bien y usted lo sabe. Estoy a su servicio, hágase cargo.
- En mi país todos somos iguales, no hay reyes ni condes.
- En su país hay ricos y pobres, como en cualquier otra parte.
- Recuerda que cada persona presente en esta casa es un´"invitado" y eso, mi querido amigo, nos une en la fatalidad ¿no crees? - Edgar coloca un brazo sobre el sofá y chasquea los hielos.
- Usted y yo, monsieur, nunca seremos amigos. Siempre habrá criados y señores y yo sé cual es mi sitio.
- No cambiarás nunca, Viejo Chivo.
- Me temo que usted tampoco, Joven Cowboy - le tiende el sandwich y ambos se ríen.
- Soy de origen humilde, mi abuelo de joven abandonó Kansas para trabajar como mecánico en la fábrica de Ford en Detroit.  Solo que tuvo un golpe de suerte: El hombre idóneo en el momento oportuno.
- Y ahora su legado roza el mismo cielo con uno de los rascacielos más emblemáticos de Manhathan.
- Así es. - se incorpora en el cojín, dispuesto a servirse él mismo pero Mignon se le adelanta. Siempre el mismo juego.
- Sin embargo, hay algo en su saga que me desconcierta.
- Te preguntas cómo pudo mi abuelo salir del hoyo ¿es eso ?
- Me pregunto cómo gozando usted de un estatus tan privilegiado, pudo aficionarse ¡a la crema de cacahuete!
- Buena pregunta, mi estimado Mignon. Si salimos vivos de esta, te responderé amablemente. Eso sí, con una condición.
- ¿Qué sugiere?
- Brindarás conmigo, con un vaso de leche.

Los dos hombres siguen hablando. El joven, sentado. El viejo, en pie. El primero, con ojos traviesos. El segundo, rejuvenece. Ambos empatizan sin atravesar el umbral de la amistad. Bien saben les está vedado. Pero me vence el sueño y me aletargo con la fresca de la mañana. Voy perdiendo el hilo de la conversación, cada vez más tenue. Y me acurruco junto al ventanuco que da a la escalera, perdiendo la conciencia envuelta en una colcha de Patchwork.

Estoy pletórica, escuchar ha sido apasionante. Lo que he hecho ¿es fisgar? Yo no diría tanto. Me siento como Mr. Ripley (de "El Talento de Mr. Ripley" ) reinventándose a sí mismo, eludiendo la verdad: que no es más que un intruso. Comparto con él un dogma inquebrantable que jamás vulneraría: "Infiltrarse, a toda costa". Contamos con un método infalible: "Ser uno de ellos."

Seamos honestos, me dispongo a perseguir mi sueño ¿a qué precio? Por conservar su fingida identidad, él llegaría a matar. "Es necesario". Por supuesto, yo no haría tal cosa. O sí. Solo sé que le entiendo me veo reflejada en él. Un Tom Ripley que lleva una máscara y ante el más mínimo requiebro, se le tambalea. Es débil, acomplejado e inseguro... Anda extraviado en un mundo brillante que le es ajeno, una clase de vida que crea adicción y a la que no renunciará de ninguna de las maneras. Mr. Ripley, un fantasma. Mr. Ripley, un espectro. Frágil e inexperto y por consiguiente, tan fuera de lugar como yo.

Yo no miento, solo me callo un par de cosas. Tampoco espío, simplemente trato de instruirme a marchas forzadas. Sencillamente, trato de prepararme para mañana... "Es necesario." Porque con el sol, volveré a ser Monique. Y tendré que actuar con total naturalidad, como si fuera la de siempre.

Pero ahora sé que ella existe, no es una quimera. Y presumo que todos la conocen bien, todos ¡menos yo! Como imitar a alguien que fuma si yo lloro con el humo. El maquillaje me irrita la piel. Es más ¡odio los peluches! Luego están todas esas voces... Me rondarán de cerca, se harán eco de mis gestos, posturas y opiniones. Me escudriñarán de pies a cabeza, seré el foco de atención. Se dirigirán a mi como lo que se supone que somos: "Viejos conocidos". Y fingiremos en Gran Charada, que no somos un puñado de extraños.

Entro en pánico, "Tom, tú sabes como me siento. Vamos ¡¡¡ayúdame!!!" Abro los ojos, tomo aire. Y con los primeros rayos de sol, ya nada parece tan negro. Las gaviotas emiten un grito desgarrador y lejos de asustarme, me alivia pensar que lo hacen por mi. Que mis chillidos son los suyos.

- Vístete guapa, píntate los ojos de verde esmeralda. Sal ahí afuera y déjate querer.
- Y ellos ¿Qué esperan de mi?
- De primeras, limítate a sonreír y escucha.
- Es que no sé quienes son...
- Una vez les reconozcas por su voz, les pondrás un nombre y una cara. Y recuerda, quizás ellos también huyan de sus propias sombras.

Y si las gaviotas no hablan...

Gracias, Tom.

Después de todo, no era tan mal chico. Es la desesperación, que te cambia el alma. No sólo el nombre. A veces, "es necesario"... Si lo sabré yo.



lunes, 17 de noviembre de 2014

3 Preguntas y 1 Sombrero





* Creo que sabéis de mi fascinación por los sombreros, pues me temo que no soy la única. Solo verlos y sueñas. Es tocarlos y te transportan. Como StarGate, una puerta a lo desconocido.

Tenemos al Sombrerero Loco en el País de las Maravillas. Sherlock Holmes con su sombrero de cazador. Charles Chaplin, con su bombín. Indiana Jones, el aventurero. Luego está Rick Blaine en 'Casablanca' y el detective Philip Marlowe en 'El sueño eterno' ambos interpretados por un Bogart maduro, curtido en el aire de llevar sombrero. Y entre las mujeres del cine destacan: Eliza Doolitle luce una pamela a rayas en las carreras de Ascot en My Fair Lady. La boina de Bonnie, junto con Clyde, la célebre ladrona de bancos. Sin olvidar a la princesa Amidala, tan exótica ella... Una sola mirada y te lleva a las estrellas.



* 1ª PREGUNTA: Todos esos personajes legendarios ¿serían tan emblemáticos sin sus sombreros?   

No solo en la ficción, en la vida real también hubo sombreros célebres: El pelo recogido de Coco Chanel, bajo un sombrero redondo de paja. La elegancia del Halston con forma de pastillero de Jackie Kennedy. al que sucumbirían todos los hogares norteamericanos. El turbante azul de Lady Di. a juego con sus ojos... El atuendo cowboy de Madonna. La media luna de Grace Jones o los delirantes diseños peludos de John Galiano.

* 2ª PREGUNTA: Como dijera Coco Chanel: "Para ser irreemplazable, uno debe hacer por mostrarse diferente" Para ello ¿Por qué no valerte de un sombrero?   

Un sombrero denota presencia, a la vez que altura. Marca la diferencia, podría ser tu seña de identidad. Un complemento mágico con el que te creces en todos los sentidos y transformándote en "Monique" sin acaso pestañear.

En cierta ocasión, os conté   mi propia experiencia  en un paraíso de sombreros. ¿Si me cambió la vida? En cierta forma. En él reside algún tipo de hechizo, capaz de saca de ti lo mejor. O lo peor, llegado el caso. Porque no tu sombrero no se busca, ha de encontrarte. Quizás si te pasas por "El Sombrero Mágico de McHavelock" una tienda de sombreros de magos en Hogmeade. Darás con ella si frecuentas el Callejón Konckturn junto a Borgin y Burkes, En caso contrario, mira en los anuncios del Daily Prophet ;) O simplemente aguarda a que se cruce en tu camino, lo hará más pronto o más tarde.

Hoy trato este tema por un hecho que me ha dejado perpleja: Uno de los 19 bicornios catalogados de Napoleón fabricado por la casa parisina Poupard, se ponía a la venta el pasado domingo. Se trataba de una pieza única, fabricada por la casa parisina Poupard con material de castor negro y de la que hay fidedigna constancia en las crónicas del imperio. Tras una puja frenética, la casa de subastas Osenat de Fontenebleau pegó el martillazo de rigor y el bicornio fu adjudicado a un magnate sudcoreano dispuesto a desembolsar por él 400.000 euros. Pues bien, el sombrero ya es suyo.




Ojo, que no es una mera anédota. "Mira lo que se ha comprado el chino ese. Oh, qué gracia." Hay algo más, que me preocupa: Si el sombrero de un líder y estratega como Napoleón acentuara el temperamento despótico de su nuevo poseedor, podríamos hoy ser testigos impotentes del nacimiento ¡de un nuevo dictador! Lo que no sería tan descabellado, teniendo en cuenta que el coleccionista de objetos personales, admira febrilmente a quien representan. Y por eso:


* 3ª PREGUNTA: Ese hombre que venera a Napoleón, una vez tenga el sombrero... ¿Quién poseerá a quién?   
En otras palabras: ¿Crees que el caballero en cuestión, se atreverá a emular sus hazañas?

Pues ahí queda eso, amigos. Siembro la duda sobre el poder de un objeto icónico. El tiempo nos lo dirá: Si el magnate superó la tentación... O el sombrero desplegó su poderío ¿? Si en un futuro próximo, el magnate oriental nos pasa inadvertido ¡tanto mejor! Será que el sudcoreano es dueño de su destino. Claro que tal vez El Sombrero, aún no dió con El Amo definitivo....


En cuanto al vuestro, no dejéis de buscar. 
El mío, de Juglar errante sin castillo  ♥ ♥ 



"Oleo de una Mujer con Sombrero" Silvio Rodríguez

viernes, 14 de noviembre de 2014

LA DESCRITORA Cap. 7


Mi novela de los viernes: LA DESCRITORA





Cap 7. Un nido de gatas

No sé si dirigirme a la entrada principal o hacia el portalón del servicio. Me tomo mi tiempo, a pesar de que en el salón contiguo ya suena por segunda vez la campanilla y retumban pasos por la escalera. No me brota la voz, tengo los hombros encogidos. Me dispongo a aparecer con humildad, suplicando que me acojan. Cuando recuerdo las incoherentes palabras de Madame Tulipe, que empiezo a encontrarles sentido. De verme así, me atizaría con una regla en la espalda hasta que me mantuviera tiesa con los pechos firmes, como una estatua:

- Eres Monique, Monique Malvache. - me incorporo - Hazte respetar. Por el amor de Dios ¡no eres una mendiga!

Abrocho la abotonadura de mi casaca, me recoloco los alfileres del sombrero. Buscando algo que refleje mi rostro, me topo con un letrero decimonónico semioculto por la hojarrasca que me sobresalta. Contiene instrucciones para este maldito juego:

* El invitado acepta las reglas y los hábitos de su anfitrión, 
pero puede trabajar para reformarlos. 
* El invitado aprende el lenguaje propio de su benefactor y se esforzará incluso 
en hablar mejor que ellos. 
* Si a pesar de todo, el huésped se ausenta libremente o por necesidad 
dando por clausurada su estancia, no escatimará en esfuerzos 
por dejar una impresión incólume en aquella casa. 
Aún más encantadora que cuando llegó.

George Steiner                           
"Los libros que yo no he escrito"


Al que, recientemente, alguien añadió.


Por consiguiente: 
El invitado, será un dechado de virtudes. un icono de glamour.
Conservando bajo cualquier circunstancia, el decoro máximo. 
Siempre en consonancia con lo bello... mantendrá la compostura. 
Si cabe, hasta el último aliento. 
Paul                               


La tinta del fragmento añadido es menos opaca y más intensa. De caligrafía impecable, en letras góticas. Aunque presumo que a quien lo escribió, le tembló un poco el pulso allá por la última frase. Conforme avanza, el temblor va in cresccendo, la "h" no asciende en vertical. La "t" se inclina peligrosamente, retando a la gravedad, igual que la Torre de Pisa. Hasta culminar en un renqueante "aliento" desde donde inicia una caída libre, en picado. el rabillo de la "o". Como un biplano prusiano alcanzado por metralla durante la Gran Guerra... Así es como la tinta se precipita al vacío, seguida en torniquete por una estela de denso humo negro.

Tras leer a George Steiner con atención, me brillan los ojos. A pesar de sus exigencias, hay algo alentador. Concluyo que la entrada habilitada para las visitas es la más lujosa y llamo al timbre. El último párrafo, lo ignoro. Lo atribuyo a una chiquillada. Y es que a los aristócratas les encantan, por su inmadurez innata, ese tipo de bromas.

Repaso mi papel, me pongo en situación. Consciente de que una vez atravesado el umbral, ya no habrá vuelta atrás. Decido presentarme como Monique, al tiempo que enseñaré mi invitación. Me mostraré sobria, comedida. Altiva, sí. Inalcanzable, no. Estoy tensa, rígida como un soldado. Estoy a la defensiva... Por eso me repito una y otra vez, para calmarme.

- Soy la invitada número 13. Monsieur Pierre me espera, él es mi anfitrión.

De lo contrario, podría saltar cual una tortuga ninja sobre quien ose abrir esa puerta.

Durante la espera, me aferro a ese letrero que a pesar de su rectitud, confirma un hecho que personalmente, me reconforta: En la mansión, son frecuentes los invitados. La velada de hoy es una de tantas otras. No soy una intrusa, no estoy de más. Les sorprenderé, ¡causaré sensación! Como Cenicienta... Y en un acto reflejo, me miro el calzado. No son de cristal sino de charol.

- Oh, no puede ser. Del camino, llevo una espiga de trigo pegada a la suela de Lucchino. Lucchino es mi zapato izquierdo. Y entonces ¿el derecho? Pues claro, Victorio. Cosas de niña, desde pequeña le pongo nombre a mis zapatos.

Justo es entonces que descorren un cerrojo y el portalón cede, dando paso a un débil resplandor. Me invade una luz de gas, acogedora. Una mujer menuda vestida de gris marengo asoma sigilosa con un rostro grave e impertérrito. Carece de emoción, sin gestos... Estoy por preguntarle por su crema facial... Oye, ni una arruga. Me pilla en plena faena. Justo cuando restriego el pie compulsivamente contra la alfombrilla de esparto. Como si bailara el twist, en el mejor de los casos. Me siento ridícula. Levanto el pie instintivamente, me quedo a la pata coja. Ahora ¡parezco una cigüeña! Postura no contemplada por el Feng Shui, estéticamente diverge bastante de la posición de loto... Soy del todo consciente, no hago sino empeorar las cosas. Me trabo, no digo nada a derechas.

- Yo, mmmm. Esto... Pasaba por aquí...

Pienso en reírme de la situación, para eliminar tensiones. Me veo tentada a soltar un mal chiste:

- Por favor. ¿El campanario más cercano?

Por suerte, la mujer-sargento que se yergue ante mi, no se inmuta. No repara en mi postura. Ni siquiera le interesa especialmente mi aspecto.

- Buenas noches, mademoiselle. Sígame. Por aquí.

Se limita a coger mis pocos enseres y conducirme hasta el hall. Me estremece su indiferencia, esta señora es un témpano de hielo. La reconozco, es esa misma expresión. La que le habría dedicado al cartero, una mañana cualquiera.

- Puntualidad, Mademoiselle Monique - tilín, tilín - Rápido, pase al tocador.

La tercera campanilla.

- Si no nos cernimos a los horarios impuestos, Lutetia se sumirá en el caos. - Tengo la extraña sensación de que piensa en voz alta. Así es, no espera respuesta. No habla necesariamente conmigo.

De repente, la gobernanta se da la vuelta y me espeta con una voz insípida como el agua sin gas. Tan monótona, que dormiría hasta al señor párroco.

- Mademoiselle Monique - ahora ¡sí! que se dirije a mí - Tras refrescarse, diríjase al saloncito rojo.

Una rápida mirada al reloj Certina años 50 de su muñeca. Y con rectitud espartana, apunta:

- Tiene dos minutos. No se demore, acicalándose en demasía.

- Antes necesito saludar a Madame Lutetia.

- ¿Madame Lutetia? ¡Válgame le cielo! - Contratodo pronóstico, aquella mujer fundida en su uniforme a cuadros príncipe de Gales, abre los ojos como platos - Mi pobre Niña, desvaría. Lo que usted necesita es un Jerez, urgentemente.

Acudo al salón, hay doce personas. Algunos están sentados, los más permanecen en pie reclinados sobre un diván, apoyados en el escritorio... Todos sin excepción, visten de etiqueta. En cuanto aparezco en escena, me miran de reojo. Mi presencia no parece sorprenderles.

- Aquí tienes tu copa, querida - Un hombre afable de ojos caídos me tiende un fino cristal de bohemia. - Clink! - El vidrio resuena, choca contra uno de mis botones.
- No se resbaló ni una gota - compruebo alibiada
- Jerome, mira que eres torpe - Un apuesto recién llegado le fulmina con la mirada y Jerome pasa inmediatamente a segundo plano.
- Jerez, antes de cenar... Caramba, Monique, me intimidas - el guaperas en cuestión toma el relevo a Jerome, acechando peligrosamente mi oído.

Una vez más el macho alfa, reclama su territorio.

- Disculpa... ¿estás coqueteando conmigo?
- Rémy siempre se comporta así, él nunca pierde ocasión - Una jovencita alegre y desenvuelta, se dispone a añadir a mi jerez unas gotas de marrasquino.
- Solo recurro a mis encantos, Jasmine. Sería del todo ingrato, no hacerlo.
- Jerez, una gran elección. Muy adecuado, en tu estado... Mrs. Kloos te encontró exhausta.
- Bueno, el viaje ha sido largo. Pero aún puedo tenerme en pie. ¿Exhausta? No, yo no diría tanto.
- Se halla algo "desorientada". Esas fueron exactamente sus palabras. - repite el bueno de Jerome, como un papagallo - Y Mrs. Kloos es muy meticulosa con su lenguaje. Su vocabulario es preciso, como un reloj de cuarzo.
- Como su reloj Certina. Un modelo antiguo y muy poco común.
- No funciona. Para ella, tiene un gran valor sentimental. Se lo regaló Paul hace mucho tiempo.

- Pasen al comedor - una voz se impone.
- ¿Y el invitado de honor?
- Ya lo sabes, no llegará hasta mañana. - me resulta familiar, la he escuchado antes.
- Dinos, al menos, quien es.
- ¿Por qué insistes? Ya conoces las reglas.
- Lutetia lo sabe, estoy segura. Por cierto ¿dónde puedo encontrarla? Me gustaría saludarle antes de la cena.
- Cómo no se lo preguntes a las paredes... - risitas
- ¿Le ha pasado algo? No estará indispuesta...
- Pues sí que está "desorientada"... - afirma Jasmine con preocupación.
- En el mapa, Lutecia era mi destino. Ella, mi punto de referencia.
- Es natural, todavía está aturdida por el viaje. Mañana ya caerá en la cuenta... - vanaliza Jerome, quitándole hierro al asunto.

Los asistentes murmuran. Mrs. Kloos pasa como una centella meneando la cabeza. Rémy se mira al espejo. Jerome se seca el sudor de la frente con pañuelo de seda. La incertidumbre está en el aire... Definitivamente, hay algo que no encaja. Para ser honestos, no es algo sino alguien. Y ese alguien soy yo.

- Ya estás aquí, estaba escrito. - Jasmine me tiende su mano de huesos frágiles, como un pajarillo.
- Llevo tiempo observándote, Monique, desde el otro lado de la habitación. Y hay algo en ti, que me exaspera. Eres esquiva, felina. Como Maggie en "La gata sobre el tejado de zinc". - los demás le miran extrañados - El personaje de Maggie, en la obra de Tennessee Williams. Sé lo que me digo, en Brodway fui Maggie II.
- ¿Maggie II?
- Maggie I era Susan Sarandon y yo, su sustituta.
- Venga, Gigi. ¿A qué viene esto? - Rémy la agarra por el hombro - No será que estás celosa...
- ¡Por supuesto qué no! ¿Por qué habría de estarlo? Miradla bien, es una tabla rasa. A ver ¿dónde están sus curvas? - Se coloca en pose, para que la comparen conmigo.
- ¡Ya basta! Gigi.
- Otra vez, Jerome... Como siempre, mucho corazón y pocos argumentos. Ya veo, volvemos a las andadas ¿eh? Hay algunos que nunca aprenden.
- No se de qué me hablas.
- De nuevo, dispuesto a perder la cabeza ¡por esta boba! ¿eh? Una vez se marchó, pensé que te habías liberado... Compruebo que no.
- ¡¡¡Cállate de una vez!!! Vieja Gata. Tú sí que eres escurridiza y sinuosa... Debajo de esa máscara de maquillaje ¿qué queda? No quieres admitirlo, pero estás en las últimas - Olive fuma de su cigarro, desvía la mirada como si reflexionara -Vete haciendo a la idea, querida. Siempre serás Maggie II ¡una segundona! - ahora le clava los ojos.
- Sitúate, Monique. Concéntrate, haz memoria. - Olive no calla y nadie osará hacerla callar, es poderosa... Sería reina, en la tierra de las Valquirias.
q
Olive lleva el pelo negro y corto. Camisa. Corbata. Escupe una columna de humo con nicotina, mientras añade entredientes envuelta en penumbra:

- Lutetia no es nadie. Es este lugar, estamos en lo que fuera el Hotel Lutetia hace décadas.
- Pierre Assoulin escribió una novela que tituló Lutetia ¡todo encaja! Pensé en una amiga o familiar muy cercana. Ella le haría confidencias, él la retrataría...
- Lo que no hace sino confirmar mis temores: Eres una pobre ingenua.

La cena resulta deliciosa. El menú, excelso: Soufleé de queso emmental, Coq au vin y crepe Suzette preparado por manos primorosas, a la antigua usanza. Alternado con una fluída conversación, rica en matices. Me limito a escuchar, visto lo visto. Madame Tulipe tenía razón, hacerme un hueco en este sofisticado mundo, no será tarea fácil. Durante la velada, solo hablo con Jerome, que me pasa la salsa. Y río con una broma de Jasmine. No lo pretendo, se me escapa una carcajada. Mientras Gigi recita "Tablette Votive" de Gustave Soulier e interpreta a Catherine en una escena de "Jules et Jim" que culmina cantando Le "Tourbillón". Emula a Jeanne Moreau, de nuevo Caherine II. Pobre Gigi, ese es su sino. No es tan peligrosa, solo me ve como una amenaza. No renunciara así como así a ser el centro de atención en su pequeño feudo... Y yo estoy de acuerdo. No competiré con ella. Aún no sé a qué he venido, pero desde luego no en busca de aduladores.

Quien me preocupa es Olive. Es cruel, arrogante. Y además sabe quien soy. O al menos, quien no soy:

- Reacciona, querida, o mejor será que te vayas. Este no es sitio, para una estúpida estudiante con lentillas y piernas largas. Créeme, Monique II no es una buena idea. - me olisquea como un galgo huesudo, cierra los ojos extasiada.

- ¿Qué quieres de mi? ¡Por qué me haces esto!
- Considéralo mi regalo de bienvenida. - me quema la manga de terciopelo azul con un cigarro - Marca de la casa.

Y con descaro me planta en la boca un beso de buenas noches.

martes, 11 de noviembre de 2014

Michiko, la Princesa triste



Esta es la historia real de una princesa que tras una boda de ensueño, se convirtiría en muñeca de porcelana y de la noche a la mañana se vio confinada a un protocolo de medias sonrisas y un mar de silencio. Entre soles que nacen y dioses pequeños.




"Michiko, la Princesa Triste"

Las nupcias de Michito con el emperador Akihito se celebraron bajo el rito de la milenaria ceremonia Shinto seguida por un desfile de carrozas tiradas por caballos. El sueño de cualquier muchacha... Si bien la flamante princesa aún desconocía hasta qué punto su mundo se reducía y su imagen se encorsetaba. Condenada a brillar en un imperio remoto, dormido en el tiempo. Pasaba a ser pieza clave e irónicamente decorativa de un ajedrez mohoso y atemporal, plagado de reglas anticuadas por las que se comprometía a caminar tres pasos por detrás de su marido, no hablar a menos que fuera compelida a ello. A sonreír levemente y a saludar con un gesto.

Michiko Shoda, madre del príncipe heredero Naruhito y actual emperatriz consorte del Japón, era hija de un industrial y plebeya de nacimiento. Enseguida se resintió por el rigor de los modales que exigía la dinastía nipona, emparentada con Amaterasu Omikami, la diosa sol y por consiguiente, anclada en otro milenio. De entrada, los poderosos sacerdotes Shinto centraron en ella sus críticas al haber estudiado ésta en la escuela católica del Sagrado Corazón. Por otro, la figura imponente de la emperatriz Nagako, su suegra, no dejaría de mostrarle su desprecio sometiéndola a toda clase de críticas intimidatorias. Su vida enconsetada, le oprimía el alma y el pajarillo enmudeció, hasta sumirse en una profunda melancolía que conforme pasaban los años, la consumía poco a poco.


Si bien no flaqueó, sobrellevó su carga por décadas lo mejor que pudo. Hoy, ya anciana, confiesa que para evadirse se valió de UN JUEGO: 

A ratos, fantaseaba. Se imaginaba invisible, capaz de escapar del palacio imperial volando hacia el metro. Tomaba la línea Toei Oedo y Namboku para apearse en la estación Azabujuban abarrotada gente. Y pasando desapercibida entre la multitud, se convertía en un viandante más. Solía soñar que caminaba despreocupada, liberada. A menudo simuló perderse en aquel laberinto de calles estrechas moteadas de colores y voces superpuestas sin llamar la atención ni ser el foco de tantas miradas, como hiciera antes, cuando solo era una chica más. Siempre le gustó aquel barrio mestizo, las calles de Azabujuban. Aún datando del periodo Edo, sobrevivió a la segunda guerra mundial y con el desarrollo urbanístico del cercano Roppongi Hills, renació con un aire ecléctico haciéndose eco de nuevas brisas. Hace décadas que Azabu-juban está salpicado de tiendas interesantes y sofisticados comercios, sus casas de madera ya no solo venden galletas de soja y arroz. Como la zona es sede de varias embajadas, hay muchas familias extranjeras que conviven con las tradiciones niponas trajeron nuevos vientos más frescos y cosmopolitas. La princesa huele los deliciosos "soba" que inundan la calle de olor a fideos de trigo que le siguen hasta doblar la esquina. Pero nada más torcer, la calle rezuma especias y algo más adelante el Café Lolita capta su atención en un festival de música, bañada en tarta, té Darjeeling e infusiones. En Romans B. baraja las últimas tendencias de moda de diseño y roza con el dedo índice los zapatos italianos de Humans aún a sabiendas de que jamás le permitirán lucirlos en el ritual del trono del Crisantemo por considerarse impropios, aunque los desee como segunda piel... Roza el ébano de la Kan Kan Gallery y cual niña curiosa, abre traviesamente uno de esos cajoncitos. 

De algún modo, la princesa está ahí. Se para el reloj, el mapa del mundo se pliega sobre sí mismo como un viejo acordeón. Y Michiko siente la armonía entre este y oeste. La fusión de lo que vendrá, con lo que ya pasó... Por un momento, se diluyen los protocolos. Es simplemente Michiko. Una mujer con gustos, preferencias. Interesada en el arte, conocedora de idiomas. Sencillamente, ella. Con voz y palabra propia.. Sigue paseando, disfruta de cada paso pero no se detiene. Es que su destino es otro y la princesa no descansará hasta alcanzar esa librería más allá de Minato... Preservemos su intimidad, prescindamos del nombre. Dejemos que vuele a ese rincón tan particular donde culminará este sueño maravilloso sea suyo y solo suyo. Una vez allí, los libros se encargarán del resto. La conducirán de la mano al otro lado del túnel... Schisst, ya está en Su Refugio. 


Si en esta historia no hay dragones ni princesas que ondean al viento sus largas melenas con rizos de oro... ¿Entonces? Sigue tratándose de un cuento, real como pocos. A lo Vacaciones en Roma, pero entre flores de cerezo y una pálida Audrey con lágrimas de sal en los ojos. 


山崎まさよし B.S.O "5 Centímetros por Segundo"




viernes, 7 de noviembre de 2014

LA DESCRITORA Cap. 6


Mi novela de los viernes: LA DESCRITORA




Cap 6. Raíles de plata

El tren, siempre el tren detrás de cada viaje inesperado. Los vuelos en avión, salvo en las películas que van a la carrera, son fríos. Tanto cálculo le resta glamour y de aventura no queda un resquicio. ¿Por que sino la genial escritora Agatha Christie eligiría el ferrocarril a través de la estepa rusa para asestar doce puñaladas al millonario norteamericano Samuel Ratchett o recrea un crucero por el Nilo para propinar un disparo en la cabeza a Linnet Ridgeway, una rica heredera? Pudiendo ser asesinados plácidamente con un sedante en su acogedora casa a la hora de comer... Ya sé, hay una respuesta evidente: "Lo cierto es que por entonces, por razones cronológicas, no se estilaban demasiado los aviones".

Y quien lo alegara, estaría en lo cierto. Pero puestos a maquinar una muerte en extrañas circunstancias, seamos creativos ¿no? ¡Qué menos que currarse un poco la escena del crimen! A ver, no me malinterpretes. Obviamente no busco ese tipo de aventura. Puesto que me dirijo a lo desconocido... No sé, creo que me conviene adornar un poco el trayecto. No busco grandes titulares, me conformaría con algo sencillo: ¿El robo de un collar? ¿Una fuga de enamorados? Y qué tal... ¡una desaparición! Y caigo, de repente en que huí por las buenas sin dar explicaciones a nadie. Tristán e Isolda tienen nombres propios. Se llaman Sophie y Alain. A ella, apenas la conozco. Pero a él, va a ser que sí. Resulta que es mi hermano y de veras le importo. Vale, me repatea su empalagoso idilio. Pero es mi problema, no el suyo. Son buena gente... Y mucho me temo que a estas alturas, estarán muy preocupados.

Me largué sin más, es un hecho. ¿Y qué? Soy mayor de edad, puedo ir a dónde quiera. ¿Por qué no les dije nada? Me habrían disuadido. Allain me trata como una niña. Y ella, se nota, está de mi hasta el gorro. A dónde íbamos los tres... Figúrate ¡el trío calavera! A todas luces, yo sobraba. Es más, a su lado me sentía incómoda. Además, desaparecer dramáticamente (para alguien que siempre ha estado en la sombra) reconocerás que tiene un halo de misterio no exento de enigma. Por una vez, yo soy Greta Garbo. Y por nada del mundo, iba a renunciar a eso.

- Oh, nuestra "pequeña" Marie - por favor, ponte en situación. Ignora por un momento el dato irrelevante de que mido un metro ochenta. - Andará sola, perdida.
- ¿Qué habrá sido de ella? La han emborrachado, seducido, asaltado, violado. O lo que es peor...¡Estará amnésica! - Aquí es donde Sophie pone los ojos en blanco y Allain la abraza con todas sus fuerzas.

Eso mismo. A ver ¿dónde hay que firmar? Amnésica querría estar yo y olvidar mi vida anterior sin ningún tipo de remordimientos.

Con ese abrazo, el idilio estalla. Y todo gracias a mi. Además, no me voy para siempre. O tal vez sí... En cualquier caso, es asunto mío. Y si se esmera Cupido, me olvidarán pronto. Así es, se tienen el uno al otro.

Me gusta ver los arbustos junto a las vías alargados por la velocidad. Parece como si el tren a su paso intentara arrancarlos de cuajo y ellos resisten. Y luego está ese cielo majestuoso que lo rodea todo como en esos souvenirs de cristal con bolitas de nieve. Primero resplandece, culmina y llegado el mediodía comienza a apagarse poco a poco como las luces de un escenario. Entonces siento miedo: se prolongan las sombras, el aire se vuelve pálido y frío. Conforme anochece, me puede la incertidumbre. Llegar de noche, a un sitio inhóspito... Me provoca, terror incluso. Tanto como si se agolparan los pájaros de Hitchcock en el cableado del teléfono. Es un miedo paralizante, que me tienta a bajarme en marcha y acabar con todo esto. En semejante arrebato, me quitaría la vida. Fíjate si soy considerada, así el tren contaría con su propio muerto. No se a dónde voy y me aterroriza la idea. Pero sí se de donde vengo ¡y no pienso volver! Si acaso, con los pies por delante. Miro allá afuera, el paisaje cambia pero la gravilla es siempre la misma y eso me tranquiliza. Así que muevo un dedo, luego otro. Giro las muñecas, reconozco mis manos... Y  con ellas, me aferro al asiento con tanta fuerza y desesperación como si me subiera a una atracción de feria y sonara con estruendo la sirena ahogando las risas de los niños y la canción machacona de la tómbola.

Abro el libro, releo la dedicatoria. No es reciente, Pierre la escribió tal día como hoy del 2002. Y sin embargo estoy segura: Es él. Soy yo. ¿Cómo sé que es para mi? ¿O qué no llego doce años tarde? Porque si froto sobre la tinta sobre Monique, aparece Marie. Y el año también se actualiza, con un solo roce. ¿Acaso deliro? ¿Me engañan mis ojos? Quizás. Pero quiero creer que soy La Elegida, necesito creer que tengo una opción de empezar en alguna otra parte. Si existe un ejemplar como Rossini, entonces todo es posible. Si él mudó sus plumas tantas veces ¿por qué no habría de hacerlo yo?

Intento recordar, hago memoria. Soñé que era un cisne reflejado en el lago o en un espejo... Definitivamente, no sufro amnesia. Un cisne blanco, a veces negro. Con el pico muy rojo, de color carmín. De repente, predominan las plumas negras, escondo el cuello y para cuando reaparezco soy una mujer hermosa que me insinúo tras un abanico de plumas negras que a modo de media luna me tapa gracilmente la cara. El abanico se aparta, lentamente. Y libera mi boca de su escondite, como mostrando la cara oculta de la luna. después reaparece mi otro ojo rasgado en genna, pintado a brocha en malva tornasolado. De mi cuello, larguísimo, cuelga un collar de azabache. Mi cabello negro, despide destellos azules. De sus ondas sinuosas, pende una peineta de plata. Los hombros desnudos, el cisne tatuado sobre una piel de terciopelo. Y un vestido de raso marfil apenas visible, con timidez asoma bajo un mantón de Manila. Soy una dama y me comporto como tal. Saco un cigarrillo de un bolso minúsculo de nácar, lo enciendo despacio. Un primera calada, espiro y con el humo me lloran los ojos. Se me humedece el iris, se me escurren dos lágrimas negras que sobre mis pómulos, se bifurcan en rayas más pequeñas. Son plumas, dos plumas negras que me marcan la cara. Me veo distinguida, condenadamente elegante. A la vez, triste y miserable. Por más que me miro, no dejo de ver a la bruja Odile, hija de Rothbart. También veo a la princesa Odette, víctima de un hechizo. Cisne blanco de día, doncella de noche. La malvada bruja que se transforma en Odette para que su amado Sigfrido caiga en sus garras y engañarle. Odile u Odette. ¿Cuál seré de las dos?

La mejor representación de El Lago de los Cisnes tuvo lugar en el Teatro Mariinski de San Petesburgo. Con coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov. Chaicovsky llegó a leer el libreto, en los días antes de su muerte. El ballet se estrenó el 27 de enero de 1895. Un viernes, como hoy. Y en aquella ocasión, la primera bailarina Pierina Legnani interpretaría tanto a Odile como a Odette. ¿Odile y Odette? ¿Marie y Monique? Quizás yo no sea ninguna. O como Pierina, en mi corazón aglutine a ambas. *

Pero hay algo que no encaja... Pero ¡si yo no fumo! Despierto abruptamente y desorientada.

- ¿Dónde estoy? ¿Cuándo salgo a escena? ¿Cómo me visto? De blanco o de negro...

Una mujer regordeta me mira divertida.

- En un tren camino de Nantes, te has quedado dormida. Y vestida de azul, te acurrucas como un escarabajito.

Mientras dormía, había apoyado mi cara sobre su hombro. Ahora que lo pienso, me resulta bochornoso. Me pongo tensa, la había aplastado durante casi media hora. Mi cabezón, sobre el brazo de una desconocida... Menos mal que esta vez Vincent, no me ha hecho ninguna foto. Y que en verdad, no llevo ninguna peineta de plata. Se la habría clavado... ¿O sí? Lo cierto es que esa mujer, uséase mi encantador almohadón, tiene un rasguño en la mandíbula y una lágrima negra derramada sobre la solapa de su chaqueta, lo que no parece importarle. A la vista está, que mi almohada de plumas, tiene unos dientes muy blancos. Y a poco que escarbes, un corazón enorme.

- ¿Una galletita, querida?

Las horas pasan deprisa, doy gracias al cielo por mi compañera de viaje. La señora del asiento contiguo lleva un surtido entero de productos autóctonos de Les Alphilles en su cesta de mimbre y me ha tenido comiendo exquisiteces, bocado tras bocado, durante todo el trayecto. El mismo cielo que me ha bendecido con Mathilde, se torna rápidamente anaranjado. Y como me dirijo hacia al oeste, en el horizonte nace ante mis ojos una magnífica puesta de sol. Todo en el campo cobra un brillo especial, hasta el infinitos es intenso. Y observo ensimismada el ocaso con dos miradas: Desde un punto de vista científico, también con ojos de descritora. Dos ópticas bien distintas que he de ser capaz de combinar para que Monique y Marie confluyan. Así es como encontraré mi identidad, de una vez por todas.

* Puesta de Sol de Monique: Momento en el la luz se relaja. La luz tiene que atravesar más capas y el vapor de las nubes y las partículas de aire la dispersan. La dispersión de la luz a lo largo de una gran distancia crea una puesta de sol. Las olas rompen en la playa porque lo provocan las mareas que a su vez son resultado de las fuerzas gravitacionales que ejercen el sol, la luna y la rotación de la Tierra.

* Puesta de Sol de Marie: El sol abatido se recuesta sobre el horizonte. El cielo quema, la tierra arde. Se entremezclan velos teñidos de rojos y naranjas. Que se tiñen de añil, conforme pasan las horas. El sururro y la brisa se vuelven extraños. Lentamente se baña en plata y se cierran las azucenas.

- Y todo eso ¿Acaso importa?
- Desde luego. Porque cuando contemplas un atardecer, te preguntas el por qué y analizas.
- O respiras aspirando el viento, lo haces tuyo. Y es en ese instante cuando cierras los ojos y consciente de que se escapa, solo deseas compartirlo con alguien.

Y así es como Monique y Marie se enfrascan a muerte en un duelo de percepciones... Y sin embargo, como hiciera Pierina, interpretaré a las dos. No prescindiré de ninguna.

Mathilde sonríe continuamente, no se cansa nunca. Va de visita a Poitiers, a ver a su hermana que por lo visto se casó con un cartero. Y a mí, todo eso, ni fu ni fa. Pero qué remedio. Ella me habla y ponerme los cascos, después de recostarme sobre ella... No sé, me parece feo. Encima, desde que me tomara esas libertades, resulta que somos íntimas. Se ha puesto maternal y no me deja ni a sol ni a sombra. A la altura de Toulouse ya hemos tomado paté, queso brie y pan con mantequilla. También trae tartine aux pommes. Me la muestra emocionada con los ojos brillantes. Es la niña de sus ojos... Y aún así, nos la ventilaremos sin reparos. Calculo que caerá enterita cerca de Burdeos. Me observa resignada, conocedora de su sino, pero sin mediar palabra. Por lo visto, las tartines carecen de opinión y lo agradezco. Al parecer, conversar abiertamente con un sandwich integral en plena calle no pasará de hecho esporádico. Menudo alivio... Personalmente, me resultó un tanto traumático.

- Es la "Tartine aux pommes de la tante Ágnes" Es una receta secreta, un legado de familia. Y ahora soy yo quien la guarda en una libreta hasta que en mi lecho de muerte, se la susurre a mi sobrina. Con ella ganó mi tía el segundo premio de tartines freches del condado de Saint-Cannat durante la feria de ganado que se celebra a las seis, justo antes del baile y después del concurso de trufas.
- ¿Quién se llevó el primer premio? Tu cuñada, tu vecina...

Mathilde se encoge de hombros. Ni siquiera disfruta de la tartine, no le sabe bien.

- Uhm, demasiado pastis. ¿O necesita más azúcar?

Esto me pasa por dar cancha a Marie. Siempre mete el dedo en la llaga. Y lo peor, ni siquiera se da cuenta. De modo que me concentro en ser Monique, la vivaracha. Y le dejo que se haga cargo de la situación e intente retomar las riendas.

- ¡Está riquísima! Ese chorrito a Pastis, es justo lo que más me gusta.
- No, no está del todo bien... Oh, Dios mío. ¡Estoy perdiendo mis dotes!
- Pero si está deliciosa. También noto un regustillo tostado ¿son almendras?
- Oh, Dios mío. Si la tanta Agnés levantara la cabeza...
- Y aún distingo algo más, un ligero toque de canela.

Monique la saca de su bucle descendente. Escuchándola, Mathilde se crece y recupera ese porte campechano reluciente y optimista. En unos minutos, vuelve a ser ella misma.

Comer, me ha sentado bien. Estoy decidida. Las próximas horas serán delicadas y nada ni nadie, ni siquiera Marie, se interpondrá entre mi destino y yo. De ninguna manera alterará el curso de los acontecimientos. Me andaré con cien ojos... No se lo permitiré, aunque tenga que amordazarme.

Cuando el tren llega a la estación de Nimes, Mathilde se fue hace rato. Me dió un abrazo de oso y tres besos en cada pómulo. Estaba eufórica, no dejaba de hablar y voltearse por el pasillo. En el andén la dejé, diciéndome adiós con el brazo en alto. La vi hacerse pequeña y me sorprendí mirando por la ventanilla, emocionada. Me surcó una lágrima la cara, era blanca. Sentí su ausencia, por un momento me sentí muy, muy sola. Pero al poco me repuse, a sabiendas de que sé que su marcha me facilita mucho las cosas. No deseo emociones fuertes. Bueno, me las reservo. Precisemos, no por ahora. Se acerca desbocado mi destino y necesito mantener la cabeza fría.

Me apeo en la Gare de Nimes desde allí me desplazo renqueando hasta la estación de autobuses. Los zapatos que encontré en la calle, me rozan el talón. Necesito una tirita... Y aún así ¡corro! El bus que parte hacia Saint Nazaire ya está en el hangar y tiene el motor encendido. Veinte minutos de trayecto, bordeando la costa y me apeo. Esta vez, en medio de la nada.

- Mademoiselle, su parada. La dirección que me indicó es aquí.
- ¿Está seguro?
- Por supuesto. ¿Lo ve? Es ese caserón.
- ¿Y cómo se llega hasta allí?
- Coja ese sendero. Cuando está seco, es agradable. Dese prisa o se le hará de noche.
- Es que...
- Hágase cargo, señorita ¡Tengo un horario que cumplir! - da unas palmadas al aire
- De París, tenía que ser... - Mira el reloj y protesta. Arranca y desaparece.

El aire está en penumbra. Pero sí, aún distingo un tejado de pizarra a lo lejos, tan sobrio como imponente. Menos mal, el campo es inmenso... Camino por un sendero, arrastrando mis bártulos con torpeza. Desfallezco, apuro mis fuerzas. Y una vez me adentro en el camino, anochece muy rápido y temo perderme. Huele a sal, a tierra mojada. Solo escucho grillos y el esporádico croar de las ranas. Estoy nerviosa. Por eso me da por cantar, para tranquilizarme. Pero la voz me sale temblorosa, no recuerdo bien la letra. Me repito, titubeo. Me siento ridícula, me sorbo los mocos, a punto de estallar en llanto. Algo negro sobrevuela mi cabeza... Golondrinas ¡o murciélagos! Canto aquello de: 

Il pleut, il moulle,
c'est la fete de la grenouille. 
La grenouille a fait son lit 
dans le trou de la souri." 

Y es justo entonces, cuando me rodean las luciérnagas. Vienen y van, como jugando al escondite. Están conmigo, solo un momento. Lo suficiente para que recobre el ánimo y siga andando hasta oír una campanilla.

- Tilin-tilín
- Eso es que ya es hora de cenar ¡apresúrate!
- Un último esfuerzo, Corazón.

De nuevo ellas dos. Ambas me apoyan, cada una a su manera. Pero poseo otro punto a mi favor, que me ayuda a culminar la recta final. Las luciérnagas me lo han dicho: "Monique Malvache, eres bienvenida." Y así es como me decido, tiritando, a llamar al portón de la entrada.


NOTA 1: Chaicovski murió el 6 de noviembre de 1893 y tal día como hoy (cuando escribí estas líneas). ¿Por qué pensé en él? ¿Cómo vino a mi? Debe de flotar ahora mismo un vals en el aire... No creo en las casualidades.

NOTA 2: Estaré fuera el fin de semana. En Madrid es festivo el lunes día de La Almudena. No podré contestar comentarios ni realizar visitas hasta el martes, si bien prometo en breve ponerme al día. Gracias por vuestro tiempo. Un placer, escribir en compañía.